El empleo del tiempo (2001)
L’emploi du temps
Las relaciones entre empleador y empleados era el motivo central de Ressources Humaines el primer largometraje del francés Laurent Cantet. Ahora su nueva cinta confirma sus intereses temáticos pero esta vez va más allá, dándole una vuelta más a la tuerca Cantet nos entrega una visión más ambigua del asunto, en este caso la perspectiva del empleado (un ejecutivo de nivel) que tras perder el trabajo se inventa para sí mismo y ante su familia toda una vida laboral y actividades que lo harán dejar el hogar durantes largos periodos de tiempo en los que en realidad se dedicará a vagabundear y fantasear con su rutina supuestamente laboral (geniales realmente las escenas en las que hace hora en la compañía privada y en el hotel), pero las presiones familiares irán en aumento lo que lo llevará a complicarse más, engañando a sus amigos y ni que decir de sus ctividades con los contrabandistas.
La película es fascinante de principio desde el meticuloso sistema de engaños, la cruda representacion de sus relaciones familiares, el dolor y negación a la vez con la que procede el protagonista es dificil decir que es lo que más puede quedar en la memoria al ver esta cinta. Con una notable interpretación de todo el conjunto el segundo opus de Laurent Cantet es ya una gran película.
Queda la imagen final del hombre que tras tantas vueltas regresa al mismo lugar: la silla de la entrevista, tan sofocante como la de su auto.
Jorge Esponda












[...] El adversario, El odio y La promesa. Fue la triada que elegí en el Festival de cine europeo. A falta de tiempo tuve que reducir a tres mi selección, y felizmente le atiné. No fue dificíl la elección, con las palmas que precedían a cada una de estas. El adversario deja atrás a El empleo del tiempo, otra gran película. Incluye además una escena estremecedora que ahora asemejo a aquella en La caída. Ni los niños se salvan a la insanía de Daniel Auteuil, en otra de las grandes perfomances que vimos este 2006. El odio de Mathieu Kassovitz, en el París que pocos conocemos y tenemos la obligación de conocer. Finalmente La promesa, como decía, los belga Dardenne proponen, y yo observo sin chistar. Sé que no saldré defraudado. Hasta ahora no me he equivocado. [...]