Archivo de Agosto 2005

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Capturando a los Friedman (2003)

Capturing the Friedmans

Inspirada en un caso que sacudió a la opinión pública norteamericana a mediados de los años ochenta, esta película es uno de los más interesantes documentales que hayamos visto últimamente. El novel director Andrew Jarecki realiza una apasionante investigación alrededor del caso de Arnold Friedman y su familia común y silvestre de los suburbios a la que se le descubre y abre proceso por abuso a menores y por distribución de pornografía infantil.

La película hace así el esperado recorrido por los hechos en versión de todos los involucrados. Pero hasta aquí lo que parece común y hasta rutinario en una película de este tipo, lo que la diferencia es la difícil ecuanimidad que el director demuestra a lo largo del metraje, no nos presenta al patriarca de la familia y a su hijo también acusado como monstruos sentenciados con anticipación como tales, sino que se permite las dudas respecto a las conclusiones sacadas en el momento del escándalo. Mas allá todavía nos lleva de la mano a conocer la historia (casi siempre registrada por ellos mismos) de esta familia con sus ceremonias y conflictos como la de cualquier techo. Es ahí que conocemos datos acerca de la posible causa de este extraño caso que pueden remontarse incluso hasta a la infancia del protagonista.

Pero la película también registra en una narración ejemplar la tragedia de los Friedman, su desintegración sistemática, nos los muestra especialmente a la madre y los hijos restantes como dolientes, como seres que cargan culpas ajenas. Este lado de la cinta es el mas desolador e impactante registrado casi siempre por la omnipresente videocámara de David, el hijo mayor. El largo proceso y los constantes conflictos internos hasta la resolución dejan de parecer los de un caso excepcional para tomar la apariencia de una común y silvestre riña familiar, la manera en que nos son transmitidas resumen el espíritu e intención de la película.

Capturing the Friedmans es un film notable y una experiencia realmente inquietante, esperemos ver algo más de Jarecki muy pronto.

Vera Drake (2004)

Vera DrakeDir. Mike Leigh | 125 min. | Reino Unido - Francia - Nueva Zelanda
Intérpretes:
Imelda Staunton (Vera)
Richard Graham (George)
Philip Davis (Stan)
Eddie Marsan (Reg)
Daniel Mays (Sid)
Alex Kelly (Ethel)
Ruth Sheen (Lily)
Estreno en Perú: 1 de diciembre de 2005

El inglés Mike Leigh vuelve a la carga con su estilo y personalidad, siempre preocupado por entregar un cine de personajes. Vera Drake es la crónica pausada y ejemplar de la vida de una madre de familia que se dedica a practicar abortos ilegales a comienzos de los años cincuenta.

Mike Leigh (Inglaterra, 1943) vuelve a la carga en este noveno largometraje, con su estilo y personalidad, siempre preocupado por entregar un cine de personajes, ajeno a modas o tendencias. Su cine auténticamente inglés por donde se le mire no es para nada complaciente, nos presenta historias que pueden lindar hasta con lo mas sórdido pero que configuran esa visión tan suya acerca de su sociedad, visión que plasmo en cintas como La vida es dulce (Life is sweet, 1990), Al desnudo (Naked, 1993), Secretos y mentiras (Secret and Lies, 1996), o Todo o Nada (All or Nothing, 2002).

Vera Drake es la crónica pausada y ejemplar de la vida de una madre de familia que se dedica a practicar abortos ilegales a comienzos de los años cincuenta, pero es tratada de manera nada sensacionalista, más bien nos muestra la vida cotidiana de la protagonista y de todos los que la rodean. Vera en la notable interpretación de Imelda Staunton (Mejor actriz en Venecia 2004 por este papel) es una buena mujer, algo enigmática, y sus prácticas con las chicas desesperadas están filmadas con un aire a lo de todos los días. Leigh no deja claro hasta que punto esta a favor o en contra de lo que nos presenta y es que no es lo que le interesa, a él le llama la atención los modales de la época, las reacciones de la gente, la doble moral, pero todo dosificado dentro de una narración clásica y sin fisuras.

Vera solo actúa ante la desesperación de quien solicita sus servicios, no las condena, solo las comprende, y lo mismo hace Leigh. Esta es una rutina que la protagonista ejecuta con la misma actitud que cuando ayuda a los enfermos, limpia las casas de gente adinerada o atiende a su familia. Por lo demás esta es una película sobre vivencias familiares y no intenta que el tema del aborto se convierta en el centro del film.

Leigh vuelve a mostrarse como representante de un tipo de cine que muchas veces ya no llama la atención de la gran mayoría, es un cine que corresponde a un estilo del que ha partido mucho de la expresión postmoderna.

Jorge Esponda

Familia rodante (2004)

Dir. Pablo Trapero | 103 min. | Argentina

Intérpretes:
Liliana Capurro (Marta)
Graciana Chironi (Emilia)
Ruth Dobel (Claudia)
Federico Esquerro (Claudio)
Bernardo Forteza (Oscar)
Laura Glave (Paola)

familia rodante

Todo lo comprendí muchos meses después de verla, y en el lugar menos imaginado. Estábamos en Eslovenia, invitados para un Festival y unos conversatorios: Ana Poliak, Lisandro Alonso, Pablo Trapero y yo. Por supuesto, yo era una especie de mascota, una especie de apéndice al Nuevo Cine Argentino, que era lo que realmente estaba siendo presentado ahí. Y Trapero era la estrella, el líder del grupo. Ana y Lisandro se limitaban a decir una o dos palabras por respuesta, y yo me limitaba a decir “estoy de acuerdo con todo lo que dice Pablo”. Entre ellos había una relación más allá de lo amical, Ana Poliak (que si Caetano y Trapero son considerados los pioneros del Nuevo Cine Argentino, ella debería ser considerada la madrina), había sido la jefa de prácticas de Trapero en la Universidad del Cine y Lisandro Alonso había sido asistente de sonido en Mundo Grúa y El Bonaerense además ha tenido a Trapero como productor de su primera película La Libertad. Por mi parte, era una completa admiración, casi una devoción, por el director de la película que marcó un antes y un después en mi experiencia del cine latinoamericano. Estoy hablando de Mundo Grúa por supuesto.

Acerca de Familia Rodante, bueno, ya la había visto varios meses antes en su estreno en Paris, y la verdad, no tenía muchas ganas de escuchar a Trapero hablar de ella. Me había parecido una película poco interesante, donde no encontraba por ninguna parte a su autor, sus preocupaciones, ni esos geniales estudios de personajes que habían formado su obra anterior. No entendí muy bien qué era lo que Trapero quería comunicar, para qué había hecho la película ni qué era lo que quería decir. Y, por lo menos dentro de mi devoción, una película sin nada que decir no podía ser de Pablo Trapero. Es cierto que por ahí se sentían unos indicios de que lo que la película buscaba transmitir era una cierta sensación hacia la familia: la familia es familia y será familia así los miembros de la misma no se acepten entre ellos. Con una cierta nostalgia, una cierta melancolía. Pero muy débil.

Familia Rodante había tenido un estreno internacional bastante accidentado. Probablemente demasiado accidentado para ser “la nueva película de Pablo Trapero”. Cuando fue presentada al Comité de Selección del Festival de Cannes, se le ofreció la sección paralela Un Certain Regard. Ya habiendo participado en esa sección con El Bonaerense y creyendo merecer estar en la Sección Competitiva (ese año estuvo La Niña Santa en la sección principal) decidieron sacarla e intentar otro festival. El Comité de Selección del Festival de Venecia les ofreció, finalmente, estar en competencia. Sin embargo semanas antes, decidieron ponerla en una sección paralela. Un estreno en sección paralela, en Venecia, definitivamente no le dio a la película el vuelo internacional que esperaba.

El porqué de esta - así como de mi original - decepción, fue lo que finalmente comprendí en Eslovenia durante el conversatorio, cuando Pablo Trapero contó que Familia Rodante había sido el primer guión que escribió en su vida, cuando era muy joven, aún en la universidad, mucho antes de embarcarse en una improvisada película sobre la grúa que veía todos los días frente a su casa. Cuando escribió el guión, también había hecho el tour obligatorio de todo joven-con-guión-bajo-el-brazo. Visitó productoras, mandó a fondos, pero nada, nadie quería producirle su Familia Rodante. Entonces lo archivó y se dedicó a desarrollar nuevos proyectos (ejemplo esto, creo yo, de la vehemencia y humildad de un talentoso) hasta que, muchos años después, ya convertido en estrella internacional y con la posibilidad de levantar fondos a diestra y siniestra, recuperó ese guión y se decidió a filmarlo. Una especie de revancha al destino, al sistema, que no le había dejado hacer esa primera película.

Es increíble cómo escuchar una anécdota así puede cambiar tanto la percepción que uno tenía de una película. En mi caso, no la hizo más interesante como película en sí, por supuesto, pero sí hizo más fascinante el proceso de evolución de un cineasta, el proceso a través del cual un director elige una siguiente obra, un siguiente paso, así no sea necesariamente un paso hacia un riesgo mayor, sino un paso para recuperar algo que se dejó atrás, para asimilarlo, hacerlo suyo y poder seguir avanzando. Para mí, significó que en Familia Rodante ya no tenía por qué encontrar al Trapero que conocía de sus primeras películas, porque el Trapero que concibió esta última no era el Trapero que había hecho las primeras, o en todo caso, había sido un Trapero en formación. Estaba bien (o en todo caso, era perdonable) que no comprendiera muy claramente el por qué de la película. La empecé a ver como una primera película, y como tal, quedaba absuelta de muchas dudas. Probablemente esto sea algo que el circuito internacional no perdone, de ahí su accidentado estreno. Y tal vez también sea sólo de interés para un cinéfilo, o para un devoto de Trapero. Pero es que cualquier película de un director que uno admira, nunca es sólo una película, también es una experiencia de vida, acompañada por muchas cosas más.

Millonarios (2004)

Millions

Millions

Luego de su incursión y vuelta de moda del cine de zombies con 28 Days Later, el británico Danny Boyle nos presenta ahora una película de corte infantil, pero con todos esos ingredientes que llamaron la atención en él tempranamente con Shallow Grave y Trainspotting. Hay en su cine esa tendencia a la artificialidad desde sus escenarios a sus intrigas pero que resultaban frescas sin ser muy originales tampoco, el reciclaje de referencias la asume como muchos de su generación.

En Millions nos cuenta la historia de un niño soñador que al parecer por un milagro de algún santo de los tantos que ve y con los que habla, le cae de los cielos una fortuna inesperada de varias cifras en libras, como bien convencido que está en su simpática inocencia, se dedicará a intentar hacer el bien con ella, pero a pesar de sus intenciones las cosas (incluidas ambiciones y asomos de crímenes) no saldrán como esperaba. A partir de esta premisa de film de matinée el director vuelve como en sus últimas cintas a dar toda una exhibición audiovisual que se pretende original. Basta con ver la representación de las fantasías del pequeño Damian -así se llama el protagonista- y por su puesto el humor nada inocentón que Boyle aplica pero que no aumentan mayor intereses a la cinta. Nuevamente intenta presentarnos a partir de una simple anécdota al la do oscuro al que puede llegar el ser humano, pretensión parcialmente lograda en 28 Days Later pero totalmente fallida en The Beach.

Parece que pasadas las grandes expectativas alrededor de él nos encaramos con el hecho de que nos encontramos ante un realizador eficiente a veces pero sin demasiado vuelo. En líneas generales a pesar de sus intenciones la película queda tal cual en el papel como una historia amable pero nada más. Donde si se lucía Boyle era como narrador de de guiones bien armados a los que dotaba en imágenes de una personalidad propia, basta recordar las correrías de los desamparados protagonistas de 28 Days Later o el ambiente extraño y sinuoso de Shallow Grave. Esperemos que para mayor fortuna el cineasta vuelva a encontrarse con un buen guión, su imaginación visual es llamativa pero no da para tanto.

Jorge Esponda

Roma (2004)

Roma

El argentino Adolfo Aristaraín vuelve a demostrar con esta película el oficio y talento de un cineasta que como buen clásico le apasiona el narrar historias claras, limpias y sin fisuras. En Roma vuelve sobre los temas que le han interesado en los últimos años: el exilio, a causa de varias etapas duras de la historia argentina del último siglo, la nostalgia y la extrañeza que van de la mano.

Roma es acaso el recuerdo o la presencia vital más importante en la vida del escritor Joaquín Goñez. No es la ciudad, es su madre, una mujer de infinita comprensión, asi su pareja ideal. El intenta escribir su último libro que será el más confesional también, a partir de ahí el director arma su película a base de flashbacks que nos darán a conocer la vida de Joaquín. El arte de Aristaraín radica en eso, en su cine de personajes, en su capacidad de hacérnoslos entrañables, queribles. Algo perdido por muchos y que toma con fuerza es el placer de contar historias y deslizarnos sus sentimientos alrededor de ella, aquí el trasfondo de las dictaduras y represiones no es un tópico más como en otros, aquí quienes valen son sus seres a los que conocemos con calma, sin prisas innecesarias.

Son claras nuevamente sus grandes referencias al cine clásico no solo americano sino también el de aquellas grandes y novelescas ficciones del cine francés o italiano por ejemplo. Como en la escena en la que entran a la función de The Grapes of Wrath, la clara posición por la narrativa tradicional y hasta modesta, ajena a ínfulas de otro tipo hace de Aristaraín uno de los pocos que como Clint Eastwood pueden realmente transportarnos a ese confín emocionante, a esa galaxia casi perdida en el tiempo. Pero no se crea tampoco que son absolutamente anacrónicos ni nada por el estilo, son ante todo narradores pero que son concientes de estar bebiendo de las aguas de su tiempo, de no ser por ello su cine tampoco existiría.

Y eso es Roma una película que mira hacia atrás pero que sabe muy bien donde le a tocado existir, que nos da a conocer a través de su protagonista si todo ese viaje a valido la pena. Creo que sí.

El viento nos llevará (1999)

el viento nos llevara

Una camioneta serpentea por un polvoriento camino rumbo a su destino, el plano es panorámico, abierto, sus ocupantes conversan animadamente pero no vemos sus rostros, solo escuchamos sus voces. Un equipo de televisión va en pos de documentar un hecho, son tres personas, conocemos a una, a las otras dos nunca las vemos. Es una constante, la evidente sensación de que falta algo para completar el cuadro pero no es más que una de las claves del cine de Abbas Kiarostami (Teherán, 1940) al ocultar ciertos datos, nos enfrenta a la disyuntiva de armar la parte que falta, la que no vemos, e imaginarnos lo que sucede.

Estas y otras características hacen de El viento nos llevará, un rico muestrario de las obsesiones e ideas de Kiarostami, lo poco que podemos averiguar del argumento se centra en la llegada de un equipo de televisión a una apartada aldea del Kurdistán. ¿Qué es lo que buscan? Al parecer registrar los rituales funerarios de una mujer pronta a fallecer, el problema es que la anciana se resiste a morir y ello significa una larga espera que los llevará a establecerse en la aldea y convivir con sus habitantes.

El protagonista principal es un ingeniero, un hombre que procede de la civilización y que se ve de pronto enfrentado a los problemas de una villa estancada en un tiempo anterior. Una imagen elocuente: el ingeniero sufre la dificultad de no recibir señal clara en su celular, entonces debe subir repetidamente a la parte alta de la villa, allí conoce a un hombre que cava un hoyo, otra vez, nunca vemos su rostro, pero basta su voz para conocerlo y saber de que se ocupa. Luego vamos conociendo a otros habitantes del pueblo, mujeres, hombres y niños con problemas e inquietudes que hablan tanto de esa región, como podrían hacerlo de nuestras villas andinas o de cualquier rincón apartado del mundo.

Kiarostami debe el nombre de su película a un poema de Forough Farrokhzad (1935 - 1967) poetisa iraní fallecida tempranamente que fue una voz solitaria pero lúcida en su tiempo, a ella le debemos además un hermoso cortometraje (La casa es negra, 1963) que muestra con dureza pero al mismo tiempo con infinita humanidad la vida de un grupo de enfermos, habitantes terminales de un leprosario, este único trabajo ha instalado a Forough como precursora de un cine que practican ahora directores iraníes como Mohsen y Samira Makhmalbaf. Kiarostami le dedica una bellísima escena en su película donde el protagonista recita el poema que da título al filme a la tenue luz de una lámpara en las profundidades de una caverna mientras una joven mujer ordeña una vaca.

El viento nos llevará es un canto a la vida, a los usos y costumbres de las gentes, a su forma de relacionarse con el entorno y aferrarse a lo que tienen, es una película que exuda naturalidad y poesía por todas partes, sin embargo hay que decir que es una película (como otras de la cinematografía Kiarostami) que exige una mirada distinta, que impone su propio ritmo y que por largos tramos difumina la habitual línea entre documental y ficción. En este punto no puedo dejar de citar al maestro iraní cuando dice “En mi mente no hay una distinción entre documental y ficción, como si la hay entre una buena película y una mala” Para quienes caímos rendidos ante la fuerza emotiva de El sabor de la cereza, este es un feliz reencuentro.

Luis Ramos

Entrevista a Carlos Reygadas

Cinencuentro: ¿Qué te parece haber sido el único latinoamericano representándonos en la Competencia Oficial del Festival de Cannes?

Carlos Reygadas: Pues ha sido un verdadero halago y un placer finalmente ¿no? Para lo que se hacen las películas es para compartirlas con mucha gente y de ser posible de diferentes formas de pensar y de diferentes partes del mundo. Y entonces el poder estar allá te permite que la vea mucha gente y luego venderla a distribuidores en todas partes del mundo ¿no? Y eso es realmente un verdadero placer, es como una culminación muy bonita.

Se ha comentado bastante a partir de tu primer trabajo Japón y de Batalla en el cielo que tocas temas que son digamos tabúes dentro de la cinematografía latinoamericana, cosas que no se han tocado previamente y que generan un cierto rechazo. ¿Qué es lo que te motiva mostrar las cosas de ese modo?

No, no, para mi no son ni temas tabúes ni nada, no sé de hecho cuales son los temas que sean tan complicados. Son cosas que yo he visto que ocurren en la vida y continuamente además y me parecen cosas bastante humanas. Y no por que sea poco frecuente verlos en el cine quiere decir que haya algo que haya que rechazar ¿no? Creo que el rechazo mas bien puede ser por falta de costumbre, que por un rechazo genuino en sí mismo a esas cosas, creo que es solamente falta de costumbre. Eso es todo, es como si en un país musulmán de pronto ven a una mujer en camiseta y se le ven los brazos y en Arabia se alteran todos, es por falta de costumbre no es porque haya algo malo en los brazos, asi es como lo veo yo.

Sabemos que resides en Europa ¿Esto hace que veas la realidad mexicana tal vez con ojos distintos? ¿Que condicione tu visión?

No, no la condiciona, eso me hace ser quien soy. Obviamente no es lo que se hace, yo siento que la oportunidad de ver a tu país desde fuera también en una época de tu vida es un gran placer, ya hace un año que he vuelto a vivir a México, probablemente me quede ya viviendo allá, pero eso me permite poder poner algo desde adentro que no tengo porque ahí he nacido, ahí he crecido y ahí voy a vivir, pero tambien tener un ojo distinto por haber visto las cosas desde afuera ¿no? yo creo que eso es más una suerte que un handicap o un condicionante negativo, todo lo contrario.

¿Cuál es la visión que tienen de los latinoamericanos y del cine latinoamericano en Europa?

Yo creo que eso de cómo nos ven a los latinoamericanos, es más una obsesión nuestra porque somos bastante egocéntricos. Por ejemplo cómo vemos a las personas de Medio Oriente, yo que sé, algunos así otros asá y todos son diferentes. Yo creo que sí hay esta obsesión de simplificar y decir “los latinoamericanos” pero yo te puedo hablar de cineastas argentinos, de cineastas mexicanos, de cineastas colombianos, peruanos que no tienen que nada en común entre unos que otros salvo que hablamos en castellano, o que tenemos sociedades similares relativamente, pero finalmente la creación es individual yo creo mucho más en los seres humanos, todos habitamos esta tierra y no tengo esa obsesión de lo latinoamericano, entonces no me he puesto a pensar en eso.

¿Cuáles son tus referencias? ¿Qué cine te gusta? ¿Qué amas como cinéfilo?

Pues mira para mí no son importantes los temas ni las formas sino una especie de fuerza subyacente que tiene que existir en el cine cuando a mi me emociona. Esa fuerza pasa a través de la honestidad y de una mirada que da a la esencia, a lo poderoso de la vida. A mi me pueden gustar películas desde Madre e hijo de Sokurov hasta El teniente corrupto de Abel Ferrara, o me pueden gustar algunas películas de Dreyer, o de Eisenstein, o La tierra de Dovzhenko por ejemplo me fascina. Soy muy variado pero también me pueden gustar Antonioni, me gustan todas las obras que tengan fuerza.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Qué tienes en mente?

Quiero hacer una película el año próximo, una película de amor. Pero ya no cuento nada aún de los proyectos del futuro.

¿Has visto algo de cine peruano, tienes alguna referencia?

Es lamentable pero creo que no me vienen demasiadas películas a la cabeza, salvo los documentales de este compadre Corcuera y nada más, que vergüenza. Qué le voy a hacer.

Entrevista: Luis Ramos.
Fotos: Laslo Rojas.
Lima, 6 de Agosto del 2005.

Bibi Andersson

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