Volver (2006)

VolverDir. Pedro Almodóvar | 120 min. | España

Música: Alberto Iglesias
Fotografía: José Luis Alcaine

Intérpretes:
Penélope Cruz (Raimunda), Carmen Maura (Abuela Irene), Lola Dueñas (Sole), Blanca Portillo (Agustina), Yohana Cobo (Paula), Chus Lampreave (Tía Paula)

Estreno en Perú:
3 de agosto del 2006 (10º Festival ElCine)
16 de noviembre del 2006 (Estreno comercial)

Almodóvar hace girar esta película alrededor de la sola idea, y muchísimas sugerencias, que se desprenden de su titulo sencillo pero poético. Es una vuelta a sus motivos, sus mujeres, pero de una forma madura y generosa, amplia y desarrollada como reposo y dominio de sus medios tras una alocada etapa de explosión y definición. La fantasía del melodrama y la comedia chillona ha tomado una forma peculiar dentro del universo de este autor. Un filme definitivo de madurez, ya iniciada en las no menos brillantes Todo sobre mi madre y Hable con ella, en el cual se toma con gran placer la labor de orquestador de un gran reencuentro, casi familiar simbolizado por la brillante Carmen Maura, el inolvidable rostro de su cine, y Penélope Cruz haciendo su entrada a la madurez de manera espléndida y más bella que nunca. Madre e hija, si se quiere, reunidas de manera aparentemente sutil como aquel viento solano que acaricia el pueblo pero que también es capaz de atraer el fuego, destructor y purificador a la vez.

Volver

Es en ese ir y volver del viento que surgen ante nuestros ojos las imágenes y los créditos iniciales de la película. Surgen sobre un cementerio, no como escenario lúgubre sino todo lo contrario, es lugar de reencuentros, de vueltas al pasado que nos traen a dos sobrevivientes de algún incendio (tan real comp espiritual). Son Raimunda y Soledad, dos hermanas que acuden a la labor tradicional de dejar más que impecable la última morada de sus padres, que en cumplimiento de alguna fantasía romántica y fatal murieron abrazados. Recuerdo que mantiene en las nubes a Sole, tanto como resentida a Raimunda. Almodóvar nos instala en el modélico microcosmos femenino que ha explorado como ninguno en el cual sus criaturas están llenas de caretas y guardan secretos, como una forma de sobrevivir en un mundo impiadoso, capaz de señalarlas al primer indicio de imperfección. Motivos como estos fueron los que hicieron huir a la rebelde pero ya crecida Raimunda aún a costa de una larga insatisfacción sobrellevada con engañosa tranquilidad.

De alguna manera el regreso a la tierra natal será inevitable. Como reza la canción “todos vuelven” y esto significará para las hermanas, en cierta manera desorientadas, el reencuentro mismo con la guía de su progenitora, que llegará en su auxilio tanto como para expiar sus culpas pasadas. Culpas que como vuelta del destino atraen a su descendencia. Raimunda y su hija Paula habrán de encontrarse en el trance criminal. Damas acostumbradas a ocultar, preparándose para este momento que, obedeciendo nuevamente a la afición de Almodóvar por el melodrama folletinesco, se convertirá en escenario de una versión depurada de sus antiguos arranques estrafalarios, representados en algo tan lírico como un cruce de lágrimas, una suerte de reconciliación sellada a través de la sangre, absorbiendo los contornos de esta especie de contracto, de pacto silencioso, de sollozo apagado.

VolverIrene, en las facciones de Maura, surge como fantasma protector de sus mujeres. Revelación tomada por tal por la dulce Sole pero que encontrará en la reacia Raimunda un hueso duro de roer, incluso sin conocer de que comparten mucho más una de la otra de lo que sus almas han guardado con recelo por años de obligada y terca madurez. El siempre fascinante universo que ha inspirado las mejores cintas de su director se hace presente una vez más pero siempre con ese colorido que impide que la gravedad asuma por completo el control.

Este sacudón vital significa para Raimunda un nuevo despertar, un “volver” inspirador a esa esencia impetuosa pero educada bajo los dolores de la experiencia. Un reflotar de la amargura de éstas que encontrarán su vehículo creativo, su manera de canalizarlas, de desarrollarlas y que le permitirán alzar la voz en una de las secuencias más bellas al son de una versión flamenca del clásico de Gardel que da nombre a la cinta. Momento nada condescendiente como puede aparentar en un momento. Todo lo contrario, se trata de la expresión misma de ese respiro de satisfacción que se otorga un alma sin descanso. Un nuevo reencuentro en la cinta, esta vez con la alegría con uno mismo en el rostro y los andares de una Penélope Cruz que se convierte en el deleite absoluto y la absoluta figura vital de este cuadro de mujeres observada por su conmovida madre en la ficción y también en la profesión de actriz.

VolverEncuentro final en el que caen los misterios, sus secretos guardados para esta postergada ocasión, la narración sutil y aparentemente ligera de este volver. Ambas han transitado por los caminos del amor desengañado y de la amoral satisfacción de la venganza, camino que ha resultado de una larga penitencia que, satisfecha, les ofrece ahora la oportunidad del resurgimiento. Familia de amigas y cómplices, reunida nuevamente para no volver a separarse. Almodóvar está fascinado por esa dualidad protectora y peligrosa de estas damas como aquellas que nutrieran la obra, en clave distinta, de ese otro gran romántico y enamorado que fuera François Truffaut. Almodóvar las imagina como representación de su misma tierra que lo vio partir en busca de fortuna a la gran Madrid, pero que a pesar de todo el tiempo y éxito transcurrido nunca dejará de atraerlo como el seno materno. Sueño de reencuentro como los de otros grandes creadores aunque el suyo exude una femineidad envolvente por sus cuatro costados.

Aroma que sintetiza esa mirada cálida, serena y nuevamente plena a sus hermosas criaturas observadas acá en todas sus edades y facetas. Capaces de recibir los mayores castigos, tanto como otorgar la mayor comprensión y entrega, al punto de velar por la vida en peligro o desvalida como ángeles de la guarda de paciente naturaleza. Y capaces, ante la primera y peor falta, de cancelar la vida, poder absoluto que les otorga ser también las otorgadoras de tal. A todo ello hace alusión el embelesado Pedro en esta película notable, compleja y sencilla a la vez.

Jorge Esponda

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