Mi noche con Maud (1969)
Ma nuit chez Maud
Dir. Eric Rohmer | 105 min. | Francia
Intérpretes:
Jean-Louis Trintignant (Jean-Louis)
Françoise Fabian (Maud)
Marie-Christine Barrault (Françoise)
Antoine Vitez (Vidal)
Léonide Kogan (Violinista)
Guy Léger (Predicador)
Anne Dubot (Amiga)
El francés Eric Rohmer ha hecho de su cine una constante exploración dentro de las relaciones humanas, sus afectos y contradicciones. Austero y sobrio en términos de producción pero más que pródigo en su particular método que otorga a la palabra (y a veces a la ausencia total de ésta) una importancia capital. Esta película significó el notable asentamiento de su obra que es una de las más brillantes, y modestas a la vez, del cine de los últimas décadas. En ella se concentra de manera ejemplar ese estilo desnudo, de apariencia sencilla y cerebral pero muy entrañable. Las probabilidades en el juego del amor son las que se le presentan al protagonista envuelto de la moralidad cristiana. Dudas o constataciones de toda una vida que se pondrán a prueba así, de manera tranquila, con esa buscada apariencia de la vida misma que ha caracterizado la obra del director. El solitario y católico protagonista interpretado por Jean Louis Trintignant pasa una especial navidad que definirá su vida entre aceptar y rechazar las opciones que se le presentan, a la que incluso convocará las teorías de Blaise Pascal como buscando la posibilidad de calcular las consecuencias de cada acto, de cada destino predeterminado aún con todos los factores aleatorios en el camino. Particular método de vida como el de cualquiera de los habitantes de este mundo reflejo casi perfecto que siempre ha buscado este maestro, talento mayor de los que surgieron con la nouvelle vague.

Miércoles, 4 Abril 2007, 12:00 am
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Este mes de abril, los muchachos de la 
. De chica no tenía idea de que existía el cine como carrera. Yo quería ser actriz, pero mis papás me dijeron que eso era imposible. Ellos querían que sea doctora o abogada”, recuerda. Tras estudiar dos años en la Universidad Católica sólo para complacer a la familia, abandonó sus estudios y empezó a asistir a talleres de teatro. En uno de ellos, un profesor le dijo en su cara ‘Tú nunca vas a ser actriz. Estás más preocupada en dirigir a tus compañeros’. Irónicamente fue este comentario el punto de partida para dedicarse al cine. Poco después, ya en la Universidad de Lima estudiando Comunicaciones, Enrica le daría la razón. “Apenas ingresé me encontré con el cine. Yo moría por mis cursos”, confiesa. Dos años después de egresar, en el 2003, fiel a su espíritu rebelde, enrumbó a Nueva York, a pesar de tener un trabajo estable como jefe de prácticas en dicha universidad y estar trabajando en distintas producciones.



























