Críticas de la semana: Scholl, Escándalo y más mayas

Esta semana las publicaciones nacionales han cubierto distintos filmes, en pluma de sus principales críticos. A Sophie Scholl, los últimos días le dedican líneas dos medios.

Sophie Scholl

En Correo, Enrique Silva, disecciona la cinta y destaca algunos aspectos:

La puesta en escena es académica, con una fotografía luminosa, encuadres precisos, un destacado trabajo de ambientación y actuaciones meticulosamente ensayadas a través de textos extensos. Por eso Rothemund dedica especial atención a los interrogatorios, ilustrados con una certera rigurosidad. Y culmina en la estupenda secuencia de la corte nazi, en un arbitrario juicio que no les da la oportunidad de defenderse ni a Sophie ni al resto de los acusados.

Fedérico de Cárdenas también se encarga de Sophie Scholl, en Domingo y apunta:

Dominada desde la primera a la última imagen por una actuación luminosa y entregada de Julia Jentsch (la Juana de Arco de Dreyer es el lejano modelo), La rosa blanca es una cinta que conmueve por el valor civil de una heroína puesta en una situación límite que, sin plantearse como tal, escribió una admirable página de coraje.

En Somos Andrés Cotler compara los dos últimos filmes de Mel Gibson, tras el estreno de Apocalypto. Subraya además una similitud con un reciente filme peruano:

Como en Madeinusa en Perú, los ataques sobre “racismo” o “salvajismo” de la película y contra Gibson no se hicieron esperar, y la sempiterna toma de posiciones Valverde-Bartolomé de las Casas se inició nuevamente. Decir, también, que tanto allá como acá hubo un retorno a los estereotipos intelectuales resulta casi obvio.

Ricardo Bedoya, en El Dominical, por su parte destaca la segunda parte del filme:

Apocalypto da un vuelco hacia la aventura en su segunda mitad, durante la persecución de Garra de Jaguar. Los cincuenta minutos finales son notables. Enérgicos, viscerales, intensos. Con situaciones inverosímiles, es cierto, pero que le dan a la cinta su densidad de relato de iniciación, que Garra de Jaguar dilucida en medio de la selva y venciendo obstáculos imposibles. Gibson se luce allí como un director de instinto que filma la supervivencia con una cámara digital que se desplaza a toda velocidad, dándole a la imagen móvil una cualidad de flecha o lanza en viaje.

En cambio, Alonso Izaguirre escribe sobre Escándalo en su columna de Perú21, resultando con un saldo positivo:

El director Richard Eyre no se regodea con el ‘escándalo’ de la película. Se preocupa en retratar a dos seres humanos que yerran monumentalmente -Sheba y Bar son opuestas aunque están unidas por la frustración-, pero se guarda cualquier intento de discurso moral o condenatorio. Escándalo es un buen trabajo, a pesar de algunos desequilibrios en sus momentos finales, como esa explosión emocional de Sheba ante los periodistas que, para nuestro gusto, resulta demasiado artificiosa.

Y Raul Cachay de El Comercio trata de rescatar algo de Rebeldes con causa, pero no puede:

Este mamarracho sin gracia que reúne en monocorde papelón a actores tan experimentados como John Travolta y William H. Macy, quienes parecen haber perdido todo indicio de autoestima al aceptar papeles como los que tienen en esta comedia que solo puede hacer reír a alguien que jamás escuchó un buen chiste en toda su vida. (…) En medio del desastre podríamos rescatar la moderación de Marisa Tomei o el rictus de malicia que se mantiene en el rostro de Ray Liotta en cada una de sus intervenciones en el filme. Pero en realidad no hay salvación posible para el cuarto trabajo como director del ignoto Walt Becker. Francamente lamentable.

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