Campos de esperanza (2005)

Escrito por Gabriel Quispe

fateless-sorstalansag-posterSorstalanság
Dir. Lajos Koltai | 140 min | Hungría – Alemania – Reino Unido

Intérpretes: Marcell Nagy (György Köves), Béla Dóra (Fumador), Bálint Péntek (Pretty boy), Áron Dimény (Bandi Citrom), Péter Fancsikai (Chico Kollmann), Zsolt Dér (Rozi), András M. Kecskés (Finn)

Estreno en el Perú: 13 de setiembre de 2007

Inscrita en la franja no muy amplia de relatos de la Segunda Guerra Mundial protagonizados por niños o adolescentes, Campos de esperanza narra el calvario de un grupo de personajes húngaros, en particular del muchacho Gyorgy Koves. En la paleta de Lajos Koltai, predominan los tonos oscuros y plomizos y contrastan con el cielo, la nieve y la infraestructura de los campos de concentración, cuya blancura expresa frialdad en un contexto de exterminio y sobrevivencia.

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A propósito de Los falsificadores y El niño con el pijama a rayas, recreaciones de la Segunda Guerra Mundial recientemente estrenadas, vale la pena recordar Campos de esperanza (Sorstalanság, 2005), opera prima del húngaro Lajos Koltai, un veterano cineasta (Budapest, 1946) que en cuarenta años ha participado en más de setenta filmes, casi todos como director de fotografía, en su país, Europa y Hollywood. Ha trabajado con Luis Mandoki, Jodie Foster y el austriaco Klaus Maria Brandauer, pero sobresalen las obras hechas con su compatriota István Szabó (Mephisto, Encuentro con Venus, Taking Sides, Sunshine, Conociendo a Julia, Rokonok), y el italiano Giuseppe Tornatore (La leyenda de 1900, Malèna). Recordamos las imágenes de Koltai, especialmente en Encuentro con Venus, Conociendo a Julia y La leyenda de 1900, como muy sugestivas, finamente estilizadas, que no escapan al contraste y la densidad, y contribuyen eficazmente a la atmósfera buscada por el director.

La película se basa en Sin destino, novela publicada en 1975 por el húngaro Imre Kertész, Premio Nobel 2002, quien pasó aproximadamente un año en los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald. Asimismo, Koltai inscribe su obra en una no muy amplia franja de la inagotable veta de la II GM, la encarnada principalmente por menores, convertidos en las más penosas víctimas y elementos enfáticos de la pérdida de la inocencia frente al horror. Además de El niño con el pijama a rayas, del debutante Mark Herman, la integran, entre otras cintas, la emblemática El diario de Ana Frank, de George Stevens; Adiós a los niños, de Louis Malle; La infancia de Iván, de Andrei Tarkovski; La esperanza y la gloria, de John Boorman; El imperio del sol, de Steven Spielberg; El puente, de Bernhard Wicki; y hasta La vida es bella, de Roberto Benigni. Sin olvidar, también, el pavoroso desenlace que sufre, sin ser protagonistas, un grupo de niños en La caída, de Oliver Hirschbiegel, en medio del descalabro del aparato nazi.

Como tenía que ser por los antecedentes de su autor, Campos de esperanza destaca por la textura de sus imágenes. Narra el calvario que experimenta un grupo de personajes húngaros en la Segunda Guerra Mundial, en particular el adolescente Gyorgy Koves, pretendiendo una puesta en escena personal, en la que predominan los tonos oscuros y plomizos y contrastan con el cielo, la nieve y la infraestructura de los campos de concentración, cuya densa blancura expresa frialdad en un contexto de exterminio y sobrevivencia. Es decir, la dirección de fotografía, a cargo de Gyula Pados, quien volvió a trabajar con Koltai en su segundo largo, Evening, delimita su cromática casi al blanco y negro como recurso principal.

fateless-sorstalansag-2La película está atravesada por la múltiple transformación –mental, física, anímica– que produce la atrocidad de la guerra y la persecución. El joven actor Marcell Nagy (cuyo nuevo trabajo es Tüskevár) es el punto más visible en ese aspecto, pues pasa del rostro imberbe, el gesto despreocupado, y el cabello abundante y encrespado, en libertad, a la cabeza rapada, la espalda encorvada, las extremidades temblorosas, el semblante pálido, la mirada extraviada, la piel percudida y lacerada, la rodilla podrida y la lucha por un bocado o unas gotas en medio del inclemente campo de Buchenwald. Koltai también presta atención a esa mutación en los otros personajes, entre adultos y menores, pero con especial énfasis en Gyorgy, lo que en algún momento llega a reiterar información ya asimilada por el espectador y constituirse en metraje sobrante que resta al resultado global.


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1 comentario

  1. Ben Jair dice:

    Los prejuicios sociales siempre tienen consecuencias lamentables.

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