Velódromo, seguir andando a los 30 años

Velódromo

Hay momentos en que el mundo te dice que no estas avanzando, ni retrocediendo, que te has estancado, o vienes dando vueltas en círculos, sin “una meta clara”, sin un “objetivo a cumplir”, sin nada realmente “trascendente en el horizonte”. Una vida circular y repetitiva, que no necesariamente aburrida, como la de un ciclista recorriendo la pista de un velódromo: un ambiente controlado y una ruta conocida, moviéndose a velocidad automática, casi por inercia. Es nuestra zona segura, y de ahí es difícil salir, si es que sales. ¿Pero es que acaso es necesario salir de ahí?

Alberto Fuguet (re)visita ese estado y se plantea esta pregunta, entre otras, en su segundo largometraje, Velódromo. Ahí tenemos a Ariel Roth, el treintañero despreocupado quien, en un momento de descuido, se detiene a mirar hacia atrás para ver el tramo recorrido, que no es poco aunque todavía le falte andar la otra mitad. En ese instante odioso, Ariel se da cuenta que se encuentra en medio de una carrera en la que no quiere participar. Esa competencia eterna para ser alguien, para ser recordado, para “lograrlo”, para “hacerla”.

En esta competencia hay competidores, también inesperados e igualmente odiosos. Está el one hit wonder, el ‘artista’ que se la cree, el nuevo engreido de los festivales cinemeros. ¿Eso es avanzar? ¿Eso es el éxito? ¿Eso es “hacerla”? ¿Llenar el afiche de tu ventiúnica película con palmas y laureles? Ariel se rehúsa a creer en eso. Ariel no quiere conquistar el mundo, solo quiere vivir en él y que no lo jodan, que él no va a joder a nadie.

No será el mejor diseñador gráfico, ni el mejor ciclista amateur, no será el que se baje más películas al mes, ni el que se levante más flacas un sábado por la noche. Me imagino más bien a un Ariel cantando “Antena” de Entre Ríos frente a la MacBook: “Creo que me falta para alcanzar / un nuevo nivel de mediocridad”.

Entonces, ¿acaso todos tienen que “ser alguien” a los treinta años? ¿Qué sucede si no interesa serlo? ¿Qué ocurre si ni siquiera lo tienes en tu escala de prioridades? (Prioridades que, por otra parte, están encabezadas por el torrent más reciente, o el pajazo más memorable, por la nueva de James Gray, o el recuerdo del último orgasmo robado.)

A no equivocarse, que Ariel Roth Roth (y su larga historia que varios queremos conocer) no es un ser tan extraño como podría parecer. Ese amigo que no muere por un BlackBerry o un iPad -pero que mata por su MacBook, ojo. Ese colega que no tiene Twitter y casi no interactúa en Facebook, no porque no sepa cómo, sino porque no lo necesita. Mira a tu costado que te puedes encontrar con un Ariel, feliz en su mundo “que no será perfecto pero al menos gira”. Alguien que hace lo necesario para vivirla bien, que no necesita demostrar nada, que tampoco urge de “encontrarse a sí mismo”, ni ninguna de esas ideas de autoayuda de supermercado. Todas esas excusas que uno a veces se construye, cuando lo único que se quiere es estar solo. Y todo bien con eso, Ariel, todo bien.

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2 comentarios

  1. 14 de Enero de 2011 at 16:42 — Responder

    Parece una película muy contemporánea y existencial, la historia se figura de provecho cinéfilo, lastima que el problema con lo indepediente, artesanal o de bajo presupuesto es que no llega a difundirse si no se hace un gran esfuerzo, tendrían que auspiciarla, publicitarla, si vale la pena claro.

  2. […] chilenas Velódromo (7 jun.) y Te creís la más linda pero erís la más puta (28 jun). La argentina Vikingo, de José […]

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