Charlie and the Chocolate Factory

Tim Burton regresa para presentarnos una vez más su universo de coloridas fantasías con este remake del clásico infantil de 1971, el asombro ante lo maravilloso a través de los ojos de un niño nuevamente, en este caso el pequeño Charlie el hijo de una pobre familia de una innominada ciudad que convive con la presencia de la fábrica del siempre mentado pero nunca visto Wlly Wonka (Johnny Depp en su salsa con pinta entre duende y Oscar Wilde), el amo y señor de la industria del chocolate, quien le brindará la oportunidad de cumplir sus más anhelados deseos a Charlie y otros niños al abrirles (a ellos y a nosotros) las puertas de la fantasía.

Pero hay algo que más que lúdico, se siente bastante cerebral en esta película, no tanto por el lado de que complazca los gustos mayoritarios con una cinta de mero entretenimiento, si no por el hecho de que a Burton se le siente muy conciente para poder disfrutar a plenitud de su galería de golosinas y maravillas como lo hacen sus protagonistas. Algo así ya se podía sentir en Big Fish sin que eso afecte el buen recuerdo de la película, y es que el mundo infantil y siniestro a la vez del fabulador se le siente menos convincente como que da la impresión que esta bajando de sus mágicas nubes y está poniendo los pies en la tierra, la paternidad está cambiando a su melancólico mundo.

Pero vale decir que Charlie and the Chocolate Factory es una película disfrutable y para nada un traspiés, la imaginería burtoniana es efectiva aún, aunque habrá a muchos que les moleste esa apariencia que ya no se aleja tanto de las mas ñoñas e impersonales cintas familiares. Burton no olvida su malicioso espíritu pero este se reduce a algunos momentos como las fantasías de Wlly Wonka (especialmente aquellas sarcásticas secuencias con su padre interpretado por Christopher Lee) o la de algunos de los niños competidores. Gracias a ello podemos decir que el arte de Tim esta vivo, a pesar de lucir algo disminuido.

Jorge Esponda