Dir. Armando Robles Godoy | 90 min. | Perú – Argentina

Intérpretes:
Ignacio Quirós (El Hombre)
Susana Pardahl (La Mujer)
Jorge Aragón (El Cauchero)
César David Miró (El Niño)
Manuel Delorio (El Terrateniente)
Jorge Montoro (El indio, Santos)
Luisa Otero (Mujer anciana)
Demetrio Tupac Yupanqui (Comunero)
Tania Rey
Willie Griffiths

Un ambicioso hombre roba el oro recolectado por una tribu amazónica, pero su huida será el comienzo de un viaje de reconocimiento de su propia vida y una lucha por su supervivencia en medio de la tupida selva. Segunda película de Robles inspirada en un cuento homónimo de su propia autoría, que sorprende gratamente ya que está contada con fuerza y solvencia.

Así como al elegir un destino turístico, uno puede decidirse por algún paraje exótico y lejano como Egipto o la China; o por uno más comercial como Miami o Nueva York. Podría también optar por recorrer coordenadas nacionales y sorprenderse de lo que halle. En el cine, sucede algo similar. Es el caso de En la selva no hay estrellas de Armando Robles Godoy.

Segunda película del ahora octogenario director, está inspirada en un cuento homónimo de su propia autoría en el que relata el camino de “El hombre” a través de la selva llevando a cuestas el botín robado en su última fechoría y en el que mediante un conjunto de flashbacks se reconstruye su pasado de forma fragmentada, apostando por una estructura formal sofisticada y arriesgada para su año de producción (1967).

Usando una potente imaginería visual Robles crea saltos de espacio-tiempo que nos muestran las peripecias de este hombre en la ciudad, el campo, la selva o su infancia, mientras continua huyendo en ese viaje, acaso de pago kármico, en el que se enfrenta a la selva, a sus perseguidores y a sus propios demonios.

En esta anécdota basada sobre arquetipos: sus personajes son “El hombre”, “El indio”, “La mujer”, “La vieja”, etc. Recorre lugares comunes (la pobreza, la mezquindad, el amor) queriendo dotar de universalidad a su relato y lo recubre de connotaciones existencialistas que en la boca de sus protagonistas se convierten en textos cargados de literalidad y un tono, por momentos, expositivo que sirven para el comentario social y político, o de la condición humana misma. Pero, a pesar de ello, no pierde interés en su conjunto ya que el film esta contado con fuerza y solvencia.

Resalta también el vuelo onírico que Robles Godoy le imprime a muchas de sus secuencias, sobre todo en el segmento de la niñez, el que bien recuerda a La infancia de Iván (1962) de Tarkovsky. Otros, a las construcciones alucinadas de Pasaron las grullas (1957) de Mikhail Kalatozov. Películas contemporáneas de la que se comenta aquí por lo que difícilmente hayan sido un referente para su construcción, la que pudo estar influenciada, en todo caso, por el cine de Alain Resnais, por ejemplo.

Redescubierta luego de más de treinta años de extravío y tras una reedición reconstructiva (la copia encontrada estaba fuera de sincro) puede ser apreciada nuevamente. En la selva no hay estrellas sorprende gratamente pues no envejece y resulta más interesante que algunas producciones peruanas últimas.