Jack Nicholson

La noche que por fin ganó Marty, uno de los más felices era Jack, quien por primera vez trabajaba con él. Actor versátil, intenso, hedonista, naturalmente sobreactuado, entregado juvenilmente a la sagacidad de cazatalentos de Corman, al aliento contracultural sesentero de Easy Rider, al hermetismo maniático y geométrico de El resplandor, a sostener una superdupla con otro monstruo, Brando, en el crepúsculo westerniano de Duelo de gigantes, a la pasión desmedida en El cartero llama dos veces, a la violencia explosiva, sórdida, en Chinatown, y desesperada en Atrapado sin salida, al retrato de la jubilación y el deterioro mental en La promesa, al trazo briosamente oscuro del joven Burton en Batman, y a la veteranía creativa del gran Scorsese en Los infiltrados.

Si uno lee los apellidos de los principales cineastas que lo han dirigido, encontrará una gran variedad, un abanico abrumador, varias veces repetido: Corman, Hellmann, Hopper, Minelli, Rafelson, Nichols, Ashby, Forman, Russell, Antonioni, Arthur Penn, Kazan, Polanski, Kubrick, Beatty, Richardson, Brooks, Huston, Miller, Babenco, Reiner, Burton, DeVito, Sean Penn y Scorsese. Y él mismo además, porque también dirigió.

Cincuenta años de carrera, tres Oscars y una sonrisa cachosa ante la vida. Jack cumplió el 22 de abril setenta jactanciosos años. Y sigue en forma.

(Foto gracias a Matt Billings)