Falleció el actor mexicano Ernesto Alonso

Archibaldo De La Cruz también se fue

Ensayo de un crimenConcluido el internado en el Festival de Lima, podemos recién ocuparnos de algunas notas que se quedaron haciendo cola. Después de las desapariciones de Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni y Michel Serrault, nos dejó otro longevo personaje que se ganó un lugar en la historia del cine. El 7 de agosto, a los noventa años, falleció el múltiple artista mexicano Ernesto Alonso, quien en setenta años de trayectoria brilló en el mundo cultural de su país. Aparte de su labor teatral, sus cifras televisivas son elocuentes: produjo 158 series, dirigió 43 y actuó en 23, presentando su última producción el año pasado.

Obviamente lo que más nos interesa es su paso por el cine. En 1938 participó como extra en La Zandunga, de Fernando De Fuentes, y al año siguiente tuvo un pequeño papel en el filme Papacito lindo, firmado por el mismo director y protagonizado por el clásico Fernando Soler. En total, Alonso apareció en cuarenta películas, de las cuales sólo dos hizo en casi cincuenta años: Coronación (1976), de Sergio Olhovich, adaptación de la novela de José Donoso, en el rol que encarnara en el 2000 Julio Jung en la versión del chileno Silvio Caiozzi; y El maleficio II (1986), de Raúl Araiza, secuela fílmica de una telenovela muy popular que protagonizó en 1983.

Desde 1960, el actor prefirió la TV y abandonó el cine, donde apenas en 1955 había realizado el personaje por el que lo recordamos y recordaremos especialmente: Archibaldo De La Cruz, el protagonista de Ensayo de un crimen, una de las obras maestras de Luis Buñuel, un hombre que arrastra desde la niñez una fijación por el erotismo y la muerte, a partir del lejano episodio del fallecimiento de su institutriz, que él cree haber provocado con la intervención de una cajita musical. En su adultez, Archibaldo desarrolla una perversa relación con las mujeres y la música, y cultiva la patología de creerse un asesino, al atribuirse la autoría de una serie de muertes que sólo desea pero no ejecuta.

Ernesto Alonso ofreció una actuación muy inspirada, exquisita, enigmática y deliciosamente cerebral. De inmediato se convirtió en una de las criaturas pilares de la bizarra galería buñueliana y se inscribió en lo mejor de la historia del cine latinoamericano.

Ensayo de un crimen fue la tercera y última obra del maestro español en la que participó, y la única que protagonizó. Antes había sido el narrador inacreditado del inicio de otra cumbre, Los olvidados (1950), y el esposo engañado de Abismos de pasión (1953), adaptación de la novela Cumbres borrascosas que estelarizaron Irasema Dilián y Jorge Mistral.

Al final de los años cincuenta, la TV se llevó a Ernesto Alonso y ya nunca lo soltó, al punto de que se convirtiera con el tiempo en “El Señor Telenovela”. Nosotros, en cambio, evocaremos sus filias enfermizas cada vez que oigamos, más aún si proviene de una cajita musical, una melodía de aparente candor infantil.

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1 comentario

  1. 14 de agosto de 2007 at 10:39 — Responder

    Es una lástima!… Archibaldo De La Cruz es un personaje entrañable y mucho tuvo que ver la actuación de Ernesto Alonso, quien supo darle el toque de perversión preciso..

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