Touch of Evil Welles & cast

Según IMDB, hoy 23 de abril se cumplen exactamente cincuenta años del estreno de Touch of Evil, una de las obras maestras de Orson Welles, con la que intentó reencontrarse con Hollywood en 1958. Como fue habitual en la trayectoria del realizador norteamericano, el filme, conocido en castellano como Sed de mal, tuvo una existencia azarosa y accidentada y recién alcanzó la plenitud mucho después de su primera proyección.

Welles llegó a dirigir el proyecto de manera casual, en gran parte por el afán de Charlton Heston de ser dirigido por él. En esa época, el actor estaba en ascenso luego de protagonizar Los diez mandamientos de Cecil B. De Mille, y su opinión pesó, pero no fue suficiente para evitar que la Universal Pictures manipulara el material filmado con otro editor, lo simplificara y cometiera la osadía de estorbar con enormes créditos el famoso plano secuencia inicial.

Afortunadamente, el crítico norteamericano Jonathan Rosenbaum, que anunció recientemente su retiro del semanario Chicago Reader, apuntaló, en extraña sintonía con la empresa productora, el proceso de restauración del clásico, que culminó en 1998 tras cuarenta años de una versión disminuida en su grandeza.

Los protagonistas fueron el recientemente fallecido Heston, Janet Leigh, Marlene Dietrich, Zsa Zsa Gabor, Akim Tamiroff y el propio Welles, en el rol del corrupto policía Hank Quinlan, que en las cercanías de la frontera con México impone un reino de corrupción y sordidez, súbitamente amenazado por la presencia de su némesis Mike Vargas, un oficial íntegro de ese país, encarnado por Heston.

La poderosa puesta en escena que, en la cumbre del film noir, dibuja texturas, distorsiona cuerpos y crea una atmósfera viciada y ominosa, como en la escena del crimen de Joe Grandi (Tamiroff), potencia un argumento en esencia sencillo, basado en una oscura novela de Whit Masterson, que en otras manos seguramente hubiera tenido un rutinario tratamiento.

Extra: El crítico Horacio Bernades explica con mayor detalle la restauración dirigida por Rosenbaum y el permanente riesgo de desaparecer que la obra de Welles ha corrido siempre, desde el intento de destrucción de Citizen Kane hasta la fecha, en que no se pueden ver aún algunos de sus trabajos.