Rossana Díaz inicia su “Viaje a Tombuctú”

Viaje a TombuctúRossana Díaz Costa es una de las promesas con las que cuenta el cine peruano, sus premiados trabajos en la literatura y la escritura de guiones hacen prever un interesante debut en la dirección de su largometraje Viaje a Tombuctú.

El proyecto, antes conocido como Calle vacía, viene recorriendo el laborioso camino que muchas realizaciones locales deben transitar para poder llegar a la pantalla grande. En el 2006 Diaz completó la primera versión del guión durante sus estudios en España, el 2007 gracias a la beca de la Fundación Carolina pudo completar un segundo borrador. Durante el 2008 dejó en stand by el proyecto, y el año pasado lo retomó comenzando con el proceso de desarrollo, realizando los primeros castings, buscando fondos de coproducción y lanzando una muy completa página web.

Sobre la historia que cuenta película, leamos el logline: “Viaje a Tombuctú es la historia de amor de Ana y Lucho, dos adolescentes que se enamoran en una época de violencia e injusticia. Es también una historia de amistad y búsqueda de sueños cuando la realidad se hace imposible de soportar. Es el viaje a través de la ilusión y la memoria. Es finalmente el viaje a aquel lugar lejano y desconocido donde tal vez se puede ser feliz.”

Tombuktu Films es la compañía productora que Rossana Díaz ha creado para realizar su opera prima. Ella, además de su labor como docente, ocupa parte de su tiempo en el grupo Ver o no ver, que difunde el buen cine en nuestra ciudad.

Este 2010 Rossana planea presentar su proyecto al concurso de largometrajes de Conacine, el cual ya tentó el 2007. Ese mismo año obtuvo el apoyo de Ibermedia para iniciar el desarrollo de su proyecto.

Hace unos días las chicas del blog Silla Ecléctica conversaron largo con Rossana, partiendo del tema en boga, La teta en el Oscar, pasando por una revisión rápida del estado actual de la cinematografía peruana, y cómo se hace cine en nuestro país. Terminando con unos minutos dedicados a Viaje a Tombuctú, y el aun extenso camino que le queda por delante. Véanlo:

Yapas: Otra entrevista a Rossana Díaz, esta vez por Carlos Sáenz de la web Xcrivas, publicado a fines del 2009.

Por último, pueden leer dos textos que Rossana publicó en Cinencuentro sobre Madeinusa y Shine A Light, de Scorsese.

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11 comentarios

  1. 2 de marzo de 2010 at 21:26 — Responder

    Acabo de verme todo el video. Interesante lo que dice. Aunque cuando menciona que no debería sacar el dinero para la pre-producción de su película de su bolsillo sino que TIENE que haber un fondo para ello, saca a luz muchos de los errores de los directores latinoamericanos hoy en día. Ya desde las escuelas se les plantea que el modelo default de la producción de una película TIENE que pasar por fondos europeos y todo ese trámite conocido. Y es más, es visto como raro que uno mismo invierta dinero en su propia película. ¿Ese no debería ser el modelo natural? Claro, lo normal siempre fue que presentes tu guión a un productor o un studio y ellos mismos financien la realización. Claro que en nuestras industrias subdesarrolladas eso suena a algo descabellado y no se puede imaginar una producción que no cuente con ayuda externa, cuando estos fondos fueron pensados como una alternativa, más no como una regla. Y es que desde el arranque ya se piensa de una película como una pérdida de dinero por eso nadie piensa en invertir, solo en gastar fondos ajenos. Y ni que hablar sobre el tiempo desperdiciado buscando esos fondos…
    En fin, solo dejar saber que no es la única salida. Y lo natural es hacer una película con la tuya, ahí queda la inteligencia de uno para ver como recupera su dinero. Más no el típico desinterés económico posterior al estreno de los directores malacostumbrados a desperdiciar dinero ajeno.

  2. […] Nos linkea Cinencuentro y Gabriel Ruiz Ortega también habia hecho su tarea. Somos […]

  3. Bennie Dumont
    3 de marzo de 2010 at 13:14 — Responder

    REVISAR TITULO (Mensaje sin mala leche, por siaca)

    Tombuctú (o viajar a) no significa una suerte de tierra prometida como dice la autora: “donde todo es posible.” Por el contrario, la expresión alude a un lugar remoto, desconocido, inescrutable, oscuro e indeterminado. Y por tanto no implica la realización de algo, la verdad de nada en absoluto. Es tan solo un punto geográfico de referencia (real o ficticio en literatura o en lenguaje coloquial, aunque sabemos que la ciudad es real) análogo a “el fin del mundo.”

    Valhala, Nirvana, Shangri-la, talvez son lugares míticos que quizás se acercan mas a la idea que la autora quiere transmitir. Bennie

  4. Richard
    9 de marzo de 2010 at 1:03 — Responder

    Hay un nuevo vídeo mejorado http://vimeo.com/9969865

    • 9 de marzo de 2010 at 12:24 — Responder

      buena voz richardo, ya actualicé el post.

      • 11 de marzo de 2010 at 0:41 — Responder

        Hola Laslo:

        Gracias por tu nota!

        De paso aprovecho para contestarles a Juan Daniel y a Bennie…

        Juan Daniel: El cine latinoamericano justamente ha tenido problemas por tratar de financiar las películas con fondos que no son para cine: nadie tiene por qué hipotecar su casa o dejar de pagar el colegio de sus hijos por hacer una película. Esa es una idea falsamente romántica. Las películas más baratas cuestan varios cientos de miles de dólares y tratar de levantar un largometraje con “tu propia plata” es casi un imposible, una locura, salvo que uno sea rico. Ser un buen productor no es “tener” el dinero para hacer una película es “conseguirlo”. En todo el mundo hay fondos que están destinados por los estados o por fundaciones privadas para hacer películas, y la idea es aprovechar de ellos porque para eso están, no es cuestión de mendigarle a nadie (por supuesto, también está la habilidad del productor de buscar inversionistas que quieran arriesgar en una película, algo que sucede en países con una industria de cine sólida). Estos fondos, además, brindan la posibilidad de entrar a un mercado internacional, hacer el proyecto conocido, etc. Por poner un ejemplo: uno pide la ayuda de Hubert Bals de Desarrollo, y lo bueno de sacársela no es solamente el dinero que ganas para desarrollar tu proyecto, sino el poder conseguir un coproductor y el tener en el futuro tu película en el Festival de Rotterdam. Nunca se deben desechar este tipo de fondos, porque esto es lo que mueve una industria y hace que las películas salgan de sus fronteras, sobre todo en países como el nuestro, donde no hay productores ejecutivos fuertes ni ayudas del Estado que permitan financiar por completo una película.

        Bennie: la referencia a Tombuctú es cinéfila…en el cine clásico hubo varias películas en las que Tombuctú era el lugar lejano y desconocido donde la gente quería ir para tal vez ser feliz….

        Gracias!

        • 11 de marzo de 2010 at 14:50 — Responder

          Me parece excelente que cineastas como Juan Daniel Fernández y Rossana Díaz, de quienes espero obras no sólo bien hechas en lo formal, sino además apasionadas y vibrantes, empiecen a dialogar de esta manera. Representan concepciones muy distintas que suelen no escucharse ni comprenderse mutuamente, y hasta llegan a enfrentarse.

          Lo interesante en la respuesta de Rossana, muy bien informada, es que lleva consigo los linderos de un tipo de cine que ella y otros realizadores, con todo derecho, quieren hacer, destinado a llegar a las salas comerciales, en celuloide y con un despliegue logístico por lo menos mediano. Creo que a Juan Daniel, como a otros jóvenes autores, como Eduardo Quispe, eso es precisamente lo que no les interesa, al menos por ahora (todo puede cambiar), o por lo menos no les parece la única opción.

          Ellos apuestan, lo digo de manera resumida, a hacer cosas en digital -ya sean cortos, mediometrajes y largos-, con escasas locaciones, pocos personajes, actores no profesionales, y exhibir en salas culturales (por ejemplo “2”, de Eduardo Quispe). Todo muy libre, sin buscar cientos de miles de dólares por el mundo. Para eso no se tiene que hipotecar ni la puerta de la casa.

          También creo que ese cine de 35 mm no tiene por qué ser denostado, aunque se tenga una concepción amplia del audiovisual. Una cosa no quita la otra. Creo que el reto de las nuevas generaciones de cineastas es comprender y tolerar, que es distinto de compartir, las diferentes visiones que acogen. Ello para construir una cinematografía diversa, polifónica, que aloje perspectivas diferentes y superpuestas, que no tengan que ser antagónicas ni que sostengan un diálogo de sordos.

          Gabriel

          • 12 de marzo de 2010 at 23:58

            Sí, realmente estaría muy bien que nos pudiésemos conocer todos aquellos que estamos tratando de hacer películas en el Perú, sea de la manera que sea, porque así podríamos ayudarnos unos a otros, que esa es la idea. Yo también tengo un proyecto en digital, con casi cero presupuesto (es un documental), mientras voy levantando el otro proyecto, que es el grande y para el que sí necesito de dinero. Creo que la idea es intentarlo todo, pero lo más importante es hacer las películas para que finalmente sean vistas, y mientras más formal sea la vía, más posibilidades habrá de exhibirla, eso sí es algo muy cierto. Podría compararlo con la literatura: es la diferencia entre escribir y uno mismo fotocopiar lo que escribes y fabricar libros sencillos que pueden ser repartidos entre tus amigos, y publicar en una editorial, así sea chica, con lo cual tu libro podrá ser leído por más personas. Siempre será mejor la segunda opción, porque para eso se “crea”, para compartir la obra con el resto del mundo.

  5. Sara
    25 de agosto de 2010 at 18:20 — Responder

    Hola Rossana,
    en primer lugar enhorabuena por tu proyecto sobre Tombuctú. Sin embargo, discrepo contigo. Tombuctú, tal como cita de forma muy brillante Bennie, alude a un sitio desconocido e indeterminado, tan lejano y mítico que nos hace albergar la duda de que en realidad exista.(aunque la ciudad existe, evidentemente). No es, pues, un lugar donde encontrar la felicidad, aunque la interpretación para cada uno es libre. Ha sido inspiración para el cine y para la literatura,pero en todo caso no como búsqueda de la felicidad, sino de la propia identidad que uno da por perdida y cree poder encontrar tan sólo en un sitio remoto, en el sitio más inaccesible: en Tombuctú.

  6. […] Viaje a Tombuctú, de Rossana Díaz Costa – US$70,000 […]

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