Festival de Lima 2010: Mi vida con Carlos y Dawson Isla 10

mi vida con carlos

Mi vida con Carlos, de Germán Berger Hertz, es un documental intimista, sentimental, que se pretende universal por tratar el tema de la conservación del recuerdo familiar e, indirectamente y con mucho menos eficacia, de la memoria colectiva frente a un pasado tortuoso. Aunque conmovedor, no despierta mayor entusiasmo pese a ser uno de los mejores en técnica con el lenguaje. Y es que sólo ambiciona movernos al sentimiento, apenarnos porque su padre, Carlos Berger (comunista servidor al régimen de Allende y caído a los treinta años por la Caravana de la Muerte en la dictadura de Pinochet), estuvo ausente durante toda su infancia y posterior madurez. Vacío que intenta llenar con el refresco de ese pasado que apenas conoce. Así, nos brinda el pase a su álbum familiar, que se dilata en confesiones y remembranzas, todas en tono de duelo. Treinta y siete años después se le sigue extrañando.

En pos de la consecución de nuestro quiebre sensiblero, el director acumula testimonios varios que le hacen honor al desaparecido, dejando al espectador la única opción de compadecerse por la pena de los deudos. Los recuerdos de la dictadura pinochetista en Chile aún duelen y en este documental explícitan con lágrimas, narraciones cursis y cartas sentidas dedicadas al Carlos ausente. Berger Hertz apela más a nuestra indulgencia que a nuestra humanidad para empatizar con el filme.

Por eso, disgusto de Mi vida con Carlos. Me incomoda la sobreexposición del mismo director de su vida íntima, de su búsqueda afectiva, que poco me importa. Se habla a sí mismo en voz alta, los que lo oímos sólo podemos darle el pésame. No más.

dawson isla 10

A Dawson Isla 10 es imposible no sufrirla. La sobreactuación parece estar propuesta adrede por su director, Miguel Littín, en aras de hacer todo más enfático y pregonero, pero no es así, son los suyos yerros indefendibles para un artesano de más de cuatro décadas en actividad, que parece haber perdido la orientación del drama. Es este un caso de pomposidad discursiva que todo detalla y sobresalta, subestimando al espectador. Tal nivel de ingenuidad sorprende y molesta.

El tono teatralizado de cada uno de los parlamentos, los más solemnes y forzosamente reivindicativos del heroísmo allendista que se recuerden, producen escozor e invitan, si no al enfado, a la indiferencia. Cada palabra parece recitada y los personajes son apenas caricaturas de sus memorias, las mismas rescatadas por el libro homónimo de Sergio Bitar, ministro de Obras Públicas en el gobierno de Allende, en que se basa esta película. Retórica, no falta en los planos abiertos la bandera chilena flameando como denotación de un país que ni se quiebra ni decae ante la injusticia y la barbarie. Acaso cada aspecto está calculado para la exacerbación del martirismo chileno opositor a la dictadura castrense, pero con sensibilidad de telefilme, diabética.

Las reseñadas son dos deleznables películas chilenas atajadas en un solo día. Antes, Navidad, de Sebastián Lelio, y el documental de Patricio Guzmán, Nostalgia de la luz, tampoco convencieron del todo. El 2008, año de El cielo, la tierra y la lluvia y Tony Manero ahora me resulta nostálgico.

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5 comentarios

  1. Adela Ruiz
    16 de agosto de 2010 at 17:20 — Responder

    Una crítica deleznable
    John Campos Gómez se esmera en denostar dos películas que contribuyen a recuperar la memoria colectiva de un país que sufrió una de las peores políticas de exterminio del Cono Sur.
    Ambas películas lo logran con un excelente lenguaje cinematográfico. Los dos filmes tienen una magnifica fotografía, El Director Berger Hertz estructura una propuesta narrativa notable, el expresar los sentimientos es una opción perfectamente legítima en el plano estético y que en esta película se presenta con singular delicadeza.
    El crítico Campos más bien expresa una suerte de Rencor ideológico y cierta fobia al proceso político que encabezó Salvador Allende. Incluso se permite la sorna. Creo Campos que le faltarían años de vida para darle el pésame a todas las víctimas del pinochetismo.

  2. Rodrigo
    17 de agosto de 2010 at 18:19 — Responder

    Pues a mi, sí me convencieron Navidad y Nostalgia de la luz.. Aunque escasa, la muestra chilena fue cinematográficamente digna en el Festival de Lima.

  3. 18 de agosto de 2010 at 4:12 — Responder

    Y poco le faltó, Adela, para decirme pinochetista.
    Las razones por las que no me gustan esas películas están expresadas en el post, no motivadas por alguna ideología. ¿Quién le ha dicho que una película merece vítores porque es correcta en el lenguaje cinematográfico? Revise La buena vida, El rey de los huevones, Grado 3, Fiestapatria, Fuga, en el caso chileno; y Una sombra al frente, Cu4tro, El acuarelista, Máncora, en el peruano, y entenderá que eso no es indicativo de calidad. Son todas cosas para el olvido, por decir lo menos.
    Que tenga buen día, señora. No se me moleste.

  4. Javier Millones
    18 de agosto de 2010 at 8:38 — Responder

    Dawson Isla 10 y Mi Vida con Carlos me causaron la mejor impresion.
    Como documento filmico nos muestra ademas hechos biograficos e
    historia colectiva que no debe perderse en la filmografia latinoamericana.
    que es una muestra de lo que nos pasa a los latinos.
    Es mas, me provocaria encontrar copias de estos filmes a fin de
    promover su divulgacion no solo en festivales y expuestas a ojos
    simples de criticos sino como conocimiento historico.

  5. 18 de agosto de 2010 at 14:07 — Responder

    Para ese propósito, de rescatar la memoria chilena, revisar Salvador Allende y Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán. O El Diario de Agustín sobre el apoyo de El Mercurio al pinochetismo.
    Las películas reseñadas no son ni medianas en el tema que tratan. Seguro hay muchas más que ya apuntaré de recordarlas.

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