Más allá de la vida (2010)

Hace mucho tiempo que Clint Eastwood alcanzó el cielo cinematográfico, y sigue entregándonos en promedio una película al año, con ocho décadas a cuestas. Hasta se dio el lujo de hacer ya un filme testamentario, el notable Gran Torino, que seguramente será el último en que actúe, como anunció en su momento. Ha querido darse entonces la oportunidad de incursionar en un terreno nuevo, el mundo sobrenatural, de habilidades extrasensoriales y experiencias en el límite de la existencia.

Más allá de la vida (Hereafter) es una película correcta, pero sentimos que el veterano director no está cómodo, no se mueve a sus anchas. A estas alturas de su carrera, es imposible que una obra suya carezca de un alto grado de oficio; sin embargo, luce poco inspirado en esta trama de agobiantes aflicciones y búsqueda de nuevos rumbos. Hay tres personajes centrales, lejanos entre sí y que acabarán reuniéndose: George Lonegan (Matt Damon), ex reconocido psíquico que intenta ganarse la vida de otra manera, abrumado por los pesares de sus atribulados clientes; Marie LeLay (Cécile De France, actriz belga que actuó en Haute tension, de Alexandre Aja), reconocida periodista francesa que sobrevive al cataclismo del Océano Índico de diciembre de 2004 y afecta su labor; y Marcus (Frankie y George McLaren), un niño de doce años que se obsesiona con la muerte de su hermano gemelo y no cuenta con su alcohólica madre para procesar el dolor. Generan inquietud en sus respectivos entornos, se ensimisman, son conscientes de no ser comprendidos por los demás, y tantean una salida a sus incertidumbres.

El guión de Peter Morgan, ambientado en Tailandia, París, Londres, San Francisco y Suiza, trata de tomarse suficiente tiempo para construir en cada caso una personalidad redonda, con claros antecedentes y un arduo presente que los empuja a tomar determinadas decisiones, que produce al final un encuentro en la capital británica, inesperado para ellos pero muy previsible para el público. El problema de Hereafter empieza precisamente en el trabajo de Morgan. Su pluma, que ha sido celebrada en cintas como La reina, El último rey de Escocia, La otra reina y Frost/Nixon, porque domina los entresijos y las tensiones del poder en sus más altas esferas, tan palpables y estimulantes del relato, esta vez nunca logra el tono preciso entre las situaciones melodramáticas y los atisbos paranormales.

Lonegan se resiste a retomar su antiguo oficio y casi siempre termina cediendo; los fogonazos del más allá dejan de impresionar a la tercera ocasión; Jackie, la madre de los gemelos, permanece en una sola nota de extravío y deterioro; el niño mantiene una misma expresión; y el vagabundeo de la periodista hace recordar brevemente el de Julia Roberts en Come, reza, ama, lo que ya es serio; y la reacción adversa de sus colegas, que esperan en vano un libro sobre François Mitterrand, es rutinaria, todo al ritmo de una cansina divagación existencial.

Es una serie de fórmulas maquinales que impide alzar vuelo a la narración; la aparición de “notables” como la investigadora Claudia Rousseau (Marthe Keller, la inolvidable Fedora de Billy Wilder) y Derek Jacobi interpretándose a sí mismo, tampoco brinda mayor aporte, y la modorra ayuda a que el metraje sobrepase las dos horas. Aunque existe alguna leve sorpresa, como en la estación subterránea, las secuencias carentes de inspiración se van acumulando y se potencian hacia el desenlace, que debe ser uno de los más remolones de la filmografía del gran Clint. En conclusión, el “más allá”, en su doble condición temática y de múltiple locación intercontinental (Londres, Hawaii, California, París, Chamonix), todo un modelo de producción inusual en él y en realidad más afín a su productor ejecutivo Steven Spielberg, no es lo suyo.

Hereafter

Dir.: Clint Eastwood | 130 min. | EE.UU.

Intérpretes: Matt Damon (George Lonegan), Cécile De France (Marie LeLay), Frankie McLaren (Marcus/Jason), George McLaren (Marcus/Jason), Lyndsey Marshal (Jackie), Bryce Dallas Howard (Melanie), Richard Kind (Christos), Jay Mohr (Billy), Thierry Neuvic (Didier), Marthe Keller (Claudia Rousseau), Derek Jacobi (él mismo).

Estreno en el Perú: 6 de enero del 2010


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1 comentario

  1. Joan
    8 de febrero de 2011 at 4:35 — Responder

    A mí me ha parecido una película redonda. Las tres tramas se superponen impecablemente, se interrumpen y se reanudan siempre en el momento justo. Está repleta de matices, que nadie se deje engañar por la aparente excentricidad del tema principal. La forma en que Eastwood retrata la sociedad postmoderna es magistral, la fugacidad del éxito, la soledad –entrañable la imagen de Matt Damond cenando solo en la cocina-, la exclusión social… Y todo se lleva a cabo sutilmente, sin estridencias ni pretensiones estéticas.
    El homenaje a Dickens es emotivo y no se reduce a los simples gestos de admiración de George Lonegan, ni mucho menos. La vida de los gemelos es, en sí misma, un relato de Dickens, ambientado en Londres, ¡como no!
    La película contiene una de las secuencias más sensuales que se ha podido ver en el cine de los últimos años, aunque los juicios más simplistas dirán que el juego de la erótica gastronómica está muy manido y ya se ha visto repetidas veces en la gran pantalla, pero no, como lo hace Eastwood, no. Como lo hace el no se había visto nunca antes.
    Y las imágenes del tsunami, al principió de la película, son realmente impactantes.

    Tampoco creo que sea su mejor película, pero es una gran película. Y si la comparamos con lo que la cartelera nos viene ofreciendo en los últimos tiempos, solo cabe reconocer que está muy por encima de la media.

    Concluyo parafraseando a Carlos Boyero para pedir que “…no se muera nunca, Señor Eastwood”

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