Festival de Lima 2018: “La búsqueda”, documental peruano sobre la guerra interna

En la Competencia Documental del 22 Festival de Cine de Lima podremos ver dos nuevas películas peruanas. Una de ellas es “La búsqueda”, codirigida por los realizadores españoles Daniel Lagares y Mariano Agudo.

Este documental se suma al ya nutrido cuerpo de películas peruanas de interés que abordan la guerra interna. Este caso, yendo de la mano de sus protagonistas, adentrándose en sus conflictos y sopesando sus consecuencias, aquellas que vivimos hasta la actualidad.

Los tres personajes que conducen el filme son Dolores Guzmán, una de las sobrevivientes de la matanza ocurrida en Chungui, Ayacucho, el 14 de julio 1984; José Carlos Agüero, historiador y poeta, hijo de ex miembros de Sendero Luminoso, que fueron ejecutados extrajudicialmente; y el antropólogo Lurgio Gavilán, quien a lo largo de su azaroza vida, integró las filas de Sendero, del Ejército peruano, así como los claustros de la Orden Franciscana.

Conversamos con los directores de “La búsqueda” a días del estreno de su nueva película:

Sinopsis: 30 años después del conflicto armado en Perú, tres personas recorren escenarios importantes de sus vidas en la búsqueda de superar la pérdida y las heridas de la violencia. Este viaje revela que el estigma y los trastornos de la guerra aún persisten.

¿A qué alude el título de la película? ¿De qué búsqueda estamos hablando?
Se busca lo que no se tiene y el denominador común en las tres personas protagonistas de la película es la búsqueda de la tranquilidad. La tranquilidad de descansar bien por las noches, de entablar relaciones sinceras o de poder contar lo vivido.
Pero puede extrapolarse también al país, es un país que está buscando la forma de reconocerse.
También es una alusión a las miles de personas que siguen buscando a sus seres queridos en el Perú.

Dolores Guzmán, Lurgio Gavilán, José Carlos Agüero. ¿Cuál es la relevancia de estos tres personajes, por qué fueron elegidos?
El primero en ser elegido fue José Carlos Agüero. Nos hicieron llegar un texto que había escrito y que más adelante se convertiría en el libro “Los rendidos”. Nos sorprendió la valentía y la agilidad con la que sorteaba la rigidez de los discursos polarizados que suelen aparecer cuando se aborda este tema. La forma de su relato y los riesgos que asumía.
Después llegamos a Dolores Guzmán. Acompañábamos al Equipo Forense Especializado a una exhumación y allí estaba Dolores. Era la única testigo de una matanza que había tenido lugar hacía 30 años. Es un claro ejemplo de cómo afecta el pasado al presente. De cómo condiciona a las personas que sobreviven, de cómo ocupa sus vidas.
A Lurgio Gavilán siempre lo tuvimos en la cabeza pero fue la última persona que incorporamos. Éramos reacios porque su libro había tenido mucho impacto y teníamos dudas de cómo podía afectar eso a la película. Finalmente nos decantamos porque es una persona que ha vivido el horror en los dos bandos y eso es algo que enriquece y complejiza el relato de la película.

¿En qué periodo de tiempo se realizó el rodaje? ¿Cuáles fueron las principales dificultades?
La primera vez que salimos a filmar con las cámaras para este proyecto fue en septiembre de 2013, ¡hace ya cinco años!
La principal dificultad fue hacer coincidir eventos importantes para la película con nuestra disponibilidad para afrontarlos y con los recursos económicos necesarios. Es un verdadero ejercicio de malabarismo. En un proyecto tan largo y que se filma de manera puntual, es muy importante mantener viva la llama, no romper los vínculos con las personas a las que se están siguiendo. Por otro lado, esa convivencia prolongada facilita la cercanía y la sinceridad. Y nos permite, también, retratar la evolución que las personas han tenido a lo largo de esos años.

¿Cómo se logró el acceso a algunas escenas muy impactantes como las exhumaciones en Chungui o la declaración de Lurgio Gavilán ante el fiscal?
Bueno, la exhumación de Paccha, en Chungui, ya está contestada anteriormente. Una de nuestras vías de investigación consistió en acompañar el trabajo del Equipo Forense Especializado del Ministerio Público, tanto en las exhumaciones como en el trabajo de laboratorio. Una de ellas es la que se retrata en la película. Era importante para nosotros que una de las zonas donde la violencia se ejerció con más crueldad estuviera presente en la película.
La declaración de Lurgio Gavilán ante el fiscal es una de esas escenas que sólo puede producirse en el cine documental. Tanto Lurgio como el fiscal sabían que lo íbamos a filmar. En ese sentido la escena estaba preparada, es decir, habíamos tenido el tiempo de colocar las cámaras y los micrófonos. Sabíamos que Lurgio quería denunciar la desaparición de su hermano, pero no teníamos idea de lo que iba a decir ni de cómo iba a reaccionar el fiscal, que desconocía su historia.

Existe mucha sensibilidad y puntos de vista encontrados sobre el conflicto armado interno. En ese contexto, ¿cómo encontraron ustedes el balance y el tono de la narración, de tal manera que no fueran acusados de entregar una mirada parcializada?
Puede que venir de fuera del país ayude, pero lo que es seguro es que no se hubiera conseguido ese tono si este no estuviera ya en las personas que hemos entrevistado. Hay un deseo mayoritario de hablar, diríamos que más que deseo es una necesidad. En esos años se han visto y se han vivido cosas horribles, lo peor de lo que somos capaces como seres humanos. Y esas vivencias pesan demasiado en silencio, se necesita hablar para poder descansar. Nuestra percepción es que la palabra hoy no busca culpables, que los hay, sino contar la verdad para entablar desde ahí relaciones más honestas. Una verdad que es muy compleja y está silenciada, a pesar de ser conocida por mucha gente. Hay una frase de una escritora paisana nuestra que se llamaba Dulce Chacón, que dice así: “Somos hijos del silencio de nuestros padres y responsables del silencio de nuestros hijos”. Esto define muy bien lo importante que resulta romper el silencio entorno a lo ocurrido y lo terapéutico que es poder hablar para liberar los demonios y construir una sociedad sana.

José Carlos Agüero, en “La búsqueda”.

¿Cuál fue la participación de La Mula en la producción?
Hemos trabajado en diferentes proyectos del cineasta Javier Corcuera y a través de él tuvimos una reunión con Rolando Toledo, el director de La Mula, quien se mostró muy interesado en coproducir esta película.

¿Cuáles son sus expectativas con la película ahora?
Bueno, de momento estrenamos en el Festival de Cine de Lima y deseamos que tenga una buena acogida, que nos permita entre otras cosas entrar en salas comerciales. Esperamos exhibirlas en festivales de cine de América y Europa y encontrar los cauces necesarios, sobre todo en Perú, para abordar fuera de las pantallas la problemática que la película plantea.

Luego de conocer la realidad peruana, ¿tienen planes de realizar otro proyecto aquí o seguirán explorando otras realidades?
Somos de digestiones lentas. Ahora toca defender esta película y disfrutar de ella. Siempre hay ideas dando vueltas por la cabeza, pero nada concreto aún. Estamos residiendo en Perú, por lo que puede que esas otras realidades que planteas en tu pregunta estén muy cerca.

Entrevista: Luis Ramos
Edición: Laslo Rojas

Horarios de proyección:
4 de agosto – 7:30pm – Sala Azul (CCPUCP)
10 de agosto – 7:30pm – Cineplanet Alcazar 7

La búsqueda

2018 – 74 min
Dirección, guion, fotografía: Mariano Agudo, Daniel Lagares
Edición: Kiko Romero, Mer Cantero
Sonido: Daniel de Zayas
Música: Chano Díaz Límaco
Producción: Intermedia Producciones en coproducción con La Mula Producciones
Intérpretes: Dolores Guzmán, José Carlos Agüero, Lurgio Gavilán

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