[Crítica] «Voz dinamitada» (2020), de Miguel Vargas Rosas

En medio de la coyuntura de emergencia sanitaria, se acaba de estrenar el documental Voz dinamitada, de Miguel Vargas Rosas, realizador huanuqueño que había debutado el 2016 con el film de terror «Tras la oscuridad». Su nueva película reconstruye la figura del poeta y militante senderista José Valdivia Domínguez, más conocido como Jovaldo, a partir de testimonios de músicos y personas cercanas sobre el contexto político-cultural peruano a fines de los años 70 y principio de los 80, tiempo en el cual se enmarca su producción poética. Del mismo modo, para dar mayores matices a su propuesta, Miguel Vargas alternará algunos pasajes del filme con escenas ficcionalizadas de las declamaciones que Jovaldo realizaba en espacios públicos reconocidos del centro de Lima, como la Plaza San Martín o el Parque Universitario.

La cinta se abre con la voz en off del director que manifiesta su necesidad de recoger la historia de José Valdivia, quien fue asesinado por las fuerzas armadas en la masacre del penal «El Frontón» en aquel fatídico 19 de junio de 1986, durante el primer gobierno de Alan García. Su cuerpo, así como de los demás presos acusados de terrorismo muertos en aquel suceso, aún no fue hallado, por lo que las heridas permanecen todavía abiertas para su familia y la de los demás. Así, durante los primeros minutos del documental escucharemos los testimonios de Juan Laura y Luis Ramírez, compañeros de Jovaldo en aquel centro penitenciario y sobrevivientes de la matanza mencionada. Sus evocaciones detallan la vida cotidiana de los reos, la cual puede ser semejante a la de cualquier prisionero común, contradiciendo así la típica estigmatización que se realiza de los presos subversivos.

En este punto, la narración se retrotrae para dividirse en tres perspectivas que de ahora en adelante avanzarán cronológicamente: la artístico-musical, la literaria y la penitenciaria, de su última etapa de vida. Respecto a la primera, aparecen las voces de músicos populares reconocidos como Martina Portocarrero, Julio Humala, Daniel “Kiri” Escobar y Máximo Pizarro, quienes reconstruyen su primer encuentro y los lazos de confraternidad que mantenían con José Valdivia, del mismo modo en que clarifican las condiciones sociopolíticas en las que se iba gestando el arte de carácter popular, en especial la música y la poesía. Asimismo, en estas escenas los músicos populares detallarán su participación en espacios culturales (organizados por sindicatos o frentes estudiantiles) por medio de su interpretación musical, cuyo propósito tenía como objetivo principal estimular la conciencia política en las masas por medio de las letras sus canciones. Como sabrá el espectador, las condiciones históricas del Perú eran de una constante agitación y movilización política de los partidos y agrupaciones de izquierda (con los diversos matices que podían existir en su conjunto), frente a la represión militar de los gobiernos de Morales Bermúdez y  Belaúnde Terry. 

La segunda perspectiva recoge los testimonios del escritor Oscar Gilbonio, así como también de Julio Carmona, crítico literario y poeta. Ambos remarcan la falta de estudios literarios de la obra de Jovaldo, pues los códigos estéticos de la academia aún siguen siendo reticentes al abordaje de su poesía. Finalmente, en el tercer punto de vista Juan Laura y Luis Ramírez complementan detalles de la vida del poeta dentro su reclusión carcelaria, así como también sobre la masacre militar, cuando vieron a Jovaldo minutos antes de perder su vida.

Respecto a los elementos que componen el documental, en las escenas ficcionalizadas las actuaciones por momentos pierden verosimilitud. Específicamente las de aquellos personajes que acompañan a Jovaldo (interpretado por Víctor Lucana). Dichas dramatizaciones se sienten introducidas forzadamente. Se entiende que ello se debe tanto a su inexperiencia actoral, así como también a la falta de utilización de encuadres alternativos. Esto último no es para nada un desmedro, puesto que el documental se vale perfectamente de los testimonios, así como también de las canciones interpretadas en las mismas escenas, las cuales están basadas en algunos poemas de Jovaldo. Por otro lado, respecto del montaje, en una de las escenas este pierde su sentido, pues imagen y música se sobreponen de una manera que confunde e interrumpe la voz en off que lee un poema. Respecto a los planos utilizados, ninguno de ellos cumple una función “propiamente” estética. Esto último hubiera dado tonos poéticos a la cinta; sin embargo, también hubiera contradicho los presupuestos estético-políticos del mismo Jovaldo, para quien el arte debía de establecer una cercanía con el pueblo a partir de un lenguaje sencillo.

En resumidas cuentas, este es un documental que buscar atraer al espectador hacia la indagación sobre los deseos utópicos que expresaban las producciones culturales de aquella época, en la cual los vínculos entre arte, ideología y política eran comunes y propios del factor histórico-social. Si bien en el documental se señala que Jovaldo fue recluído en «El Frontón» debido a su participación en Sendero Luminoso, su pasaje a la militancia en dicha organización no se profundiza ni problematiza. Esto debería tomarse en cuenta para posteriores producciones cinematográficas que se enmarcan en la misma temática, pues aquello permitirá visibilizar las razones y contradicciones de aquel movimiento subversivo, antes de caer en juicios a priori e irracionales, justamente como se acaba de realizar hace unos días contra la película Hugo Blanco, río profundo.

Asimismo, considero que hubiera resultado mucho más provechoso contrastar en un grado mayor las distintas facetas de Jovaldo. Con ello se hubiera logrado representar una figura ambivalente, antes de caer en cierto tono elegiaco, el cual se vislumbra en determinadas escenas. Comprender su militancia, en ese sentido, no implica pasar por alto las consecuencias traumáticas de la violencia política que cometieron tanto los senderistas y las fuerzas del orden (sobre las cuales hay numerosos documentales), pero tampoco optar por la dicotomía “buenos” versus “malos”. Y es justamente contra esta última tentativa desde donde se construye Voz dinamitada, para plantear, en el marco de los documentales que tratan sobre la memoria, que la narrativa de los vencidos también necesita ser tomada en cuenta en la continua búsqueda de una verdadera reconociliación, tras lo vivido en el conflicto armado interno.

Nota: Voz dinamitada se puede ver en streaming de pago en Cineaparte. Es la primera película peruana cuyo estreno absoluto se realiza en formato online.

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