Sembradoras de vida, dirigido por los hermanos Álvaro y Diego Sarmiento, es un atildado documental que celebra la relación estrecha entre la agricultura y el contacto humano que la maneja en el Perú, en especial las mujeres, concentrándose en cinco de ellas, provenientes del centro y el sur del territorio nacional, que explican las bondades y necesidades de la tierra, el espacio que ocupa en sus vidas y su cercanía con la Pachamama como generadoras de vida.

La dupla Sarmiento, siempre alrededor de temáticas naturales y comunitarias en los Andes y la Amazonía, han realizado previamente películas con un lenguaje cinematográfico estilizado (por ejemplo Río Verde: el tiempo de los yakurunas), en el que a menudo las imágenes no han necesitado mayor introducción y han discurrido “solas”, incluso a veces sin diálogos. En esta ocasión, en cambio, se han ajustado a un formato más institucional y expositivo, con testimonios directos en el que se explican vocaciones, experimentos y criterios en el empleo de las semillas y los elementos que le rodean (agua, altura, tiempos, proporciones, tipo de guano, tamaño de las raíces, volumen de las ramas, número de siembras, acceso al mercado, etc).

El relato enaltece a las protagonistas, Braulia Puma, Brisayda Sicus, Justa Quispe, Eliana García y Sonia Mamani. Son agricultoras versadas, productoras y analistas que rezuman conocimiento y espiritualidad, porque su mirada ecologista se concentra en la naturaleza y desconfía de los productos extraños (“no uso agroquímicos, el maíz que se cultiva con agroquímicos no es sabroso; el orgánico es más dulce, se nota la diferencia”, dice Sonia Quispe en Lares, Cusco). Hablan de la dualidad en la cosmovisión andina: el sol y la luna, la noche y el día, la confluencia entre la mujer y el varón, el trato familiar a la chacra, la transmisión de los procedimientos a la descendencia desde la infancia. Tocan las semillas, las acumulan, las muestran a la cámara, las lanzan al aire, pasan del plano general a planos detalle, cuando no hablan el encuadre les espera y continúa la narración cuando retoman.

Álvaro y Diego Sarmiento se solazan en la respiración fresca, el sabor a terruño y la conversación limpia y fluida en quechua y español, que incluye la presencia de la reconocida Sonaly Tuesta en un evento público sobre la materia. Aunque se deja constancia del cambio climático y de insuficiencias económicas, no hay un verdadero conflicto y la dirección de los Sarmiento no se lo plantea necesario. Porque el objetivo es transmitir la sabiduría y la vida plena en el campo, que vista durante la pandemia —el filme se estrenó en la Berlinale 2019 10 meses antes de empezar la pesadilla— le agrega un tono visionario, pues como lo sugiere la cálida visita y entrega al Banco Mundial de Semillas en Svalbard, Noruega, donde se confirma la emoción por las simientes, estos últimos edenes van a seguir siendo con su prodigalidad la tabla de salvación de los países y en general del orbe en tiempos de crisis global.

Esta crítica forma parte de nuestra cobertura especial del 2° Festival de Cine Latinoamericano en Lenguas Originarias, que se realiza del 11 al 15 de marzo del 2021.