Solemos escuchar que la música es el lenguaje universal que puede tender puentes entre culturas distintas y acercar a personas que ni siquiera hablan el mismo idioma. Ese postulado es explorado y evidenciado en el documental argentino “El canto del tiempo”.

El director Mana García acompaña a Charo Bogarín y Diego Pérez, los creadores del proyecto musical Tonolec, en un viaje hacia el corazón de la selva misionera de Argentina y Brasil, para conocer al pueblo Mbya Guaraní, descubrir sus cantos e inspirarse en su música para poder integrar ese sonido ancestral con sus ritmos contemporáneos.

Como confiesan los músicos de Tonolec, la motivación para realizar ese viaje partió por una búsqueda de sus raíces y su esencia como argentinos y latinoamericanos. Al inicio del documental Diego Pérez pronuncia esta declaración de principios: “Sentimos que desde chicos se nos enseñó a querer parecernos a los de afuera, pero transitar este camino nos permitió entender que nuestra única esencia es esta integración de diferentes culturas, de diferentes lenguas, de diferentes músicas que vendría a ser una síntesis de nosotros mismos”.

En el pueblo Mbya Guaraní la música tiene un papel fundamental en la transmisión del conocimiento y la cultura de los adultos hacia los niños, pues se integra a la educación como parte de su identidad cultural. Los guaraníes utilizan el canto como una manera de transmitir sus valores a los niños, quienes forman coros que transportan la voz ancestral de toda su comunidad. Desde pequeños aprenden a cantar para difundir la música guaraní, para que se mantenga viva y no sea olvidada.

Junto a las voces armoniosas de los niños, la música es creada a partir de instrumentos como guitarra, violín, maracas y el tacuapú (una caña de bambú agujerada) que las niñas golpean contra el suelo a modo de percusión. Tocan en medio de las plantas y los árboles, replicando los ritmos y cadencias de la naturaleza en la música.

Por un lado, se muestra la interacción entre los artífices del proyecto Tonolec con el pueblo Mbya Guaraní en la selva, donde los músicos citadinos descubren la función ritual que tiene la música, como una herramienta para unir, sanar y relacionar a los seres humanos, según la cosmovisión de los guaraníes.

En paralelo, la edición intercala esas imágenes cálidas al aire libre con otras registradas en interiores, donde Charo y Diego graban música en su estudio en Buenos Aires, incorporando los conocimientos e influencias guaraníes en sus propias canciones. Por ejemplo, Charo debe suavizar su registro para adaptarse a la armonía lúdica de los coros infantiles.

El círculo se completa cuando Tonolec ofrece un concierto para el público de Buenos Aires. Como artistas, ellos confiesan que han asumido el compromiso de ser difusores de la riqueza sonora de los pueblos originarios de la selva, para que a través de la música la gente de afuera entienda quiénes son, los conozcan y aprecien su arte.

Como afirma Charo, el objetivo de este viaje de descubrimiento y de integración, es rescatar las voces antiguas para traerlas al presente y que sean parte del futuro. De este modo, la música también tiende un puente que permite preservar la cultura de los pueblos originarios.

Esta crítica forma parte de nuestra cobertura especial del 2° Festival de Cine Latinoamericano en Lenguas Originarias, que se realiza del 11 al 15 de marzo del 2021.