El reconocido cineasta puneño Óscar Catacora ha fallecido el 26 de noviembre, a la edad de 34 años, cuando se encontraba en pleno rodaje de su esperado segundo largometraje “Yana-wara”, en las alturas del distrito de Conduriri, de la provincia de El Collao, en Puno. El joven director de la celebrada película “Wiñaypacha” (2017) murió de forma súbita a causa de una apendicitis, según informó el diario La República.

Con motivo de la penosa pérdida de tan valioso y querido cineasta peruano, recordando sus primeros años en el trajinar cinematográfico, publicamos esta entrevista inédita. Fue realizada por Jaime Luna Victoria y Emilio Bustamante el sábado 5 de mayo del 2012, en casa del primero, un día después de que se exhibiera el mediometraje de Óscar Catacora, El sendero del Chulo, por segunda vez, en el cineclub del CAFAE-SE.

Empecemos con el perfil del cineasta. Nombre, datos de tus padres, estudios…

Ante todo, mi nombre es Óscar Quispe Catacora, pero mi nombre artístico es Óscar Catacora. Nací en Puno, en la comunidad campesina de Huaychani. Hice mis primeros estudios en el campo, donde nací, y después, por problemas familiares, me trasladé a la ciudad de Puno. Terminé allí mis estudios básicos, primaria y la secundaria, para luego seguir estudios superiores en la Universidad Nacional del Altiplano, primero en la Escuela de Arte, en Teatro, y ahora en la de Ciencias de la Comunicación.

Tus padres, ¿a qué se dedicaban? 

Mis padres son netamente agricultores, ambos, se dedican a la agricultura y la ganadería. Son campesinos, hasta el día de hoy.

O sea, tú te trasladaste a Puno. Ya no vives con tus papás.

No, vivo solo nomás. Cuando me trasladé vine con mi hermano mayor. Y viví solo a partir de los 12 años, más o menos.

¿De qué vivías?

Trabajaba como cobrador de carro, de ayudante de carros urbanos. Después, ya más o menos a los 15 años, hacía comercio. Posteriormente empecé a hacer las filmaciones, a los 16 años. Apenas saliendo del colegio entré en ese circuito de lo que son las filmaciones y fotografías de eventos sociales. 

¿Comenzaste trabajando solo en la fotografía o con alguna otra persona?

Trabajé con un señor que ya tenía experiencia en eso. Le pedí trabajar con él. Unos trabajos los hice gratis porque era tomar una cámara y aprender. Pero el señor era bueno, y me pagaba.

Tú has comentado, justo antes de la función, que un profesor te instruyó al ver tu interés por el cine. 

Sí, fue un profesor de la universidad, pero lo conocí antes de ingresar a la universidad. Yo buscaba información a través de internet, y empiezo a escribir a distintos correos electrónicos. Incluso escribí a Lima y nadie contestaba. Pero en Puno escribí a La Casa del Corregidor y de allí me mandaron una información diciendo que alguien me podía apoyar, y me contacto con José Luis Quispe, que ya había trabajado con Henry Vallejo, y había ganado un premio a mejor director de fotografía. También había hecho su propio cortometraje, Óleo azul (2001), y había ganado el premio del público en La Noche de los Cortos.

¿Y qué te dijo él?

Bueno, él me enseñó muchas cosas. Nunca me enseñó cómo agarrar una cámara, cómo debe tomarse una fotografía; pero me dio orientación teórica, qué películas mirar, cómo mirar. Creo que ese fue el punto de partida de lo que siempre quise hacer. Apenas termino el colegio, empiezo a hacer El sendero del Chulo.

Al terminar el colegio, ingresaste a la universidad a estudiar actuación.

Sí, porque yo al principio quería ser actor. En realidad, yo iba mucho a las salas de cine-video, porque en Puno ya habían desaparecido para ese entonces las salas de cine. Lo que generalmente presentaban [estas salas de cine-video] eran estrellas de cine: Jackie Chan, Van Damme… Entonces yo quería ser una estrella del cine. No me interesaba la dirección de fotografía, o ser productor, o ser director, o tener una empresa productora. Yo quería ser actor. 

Óscar Catacora (tercero de la izq.), junto a sus colegas cineastas regionales, en el Encuentro de Cine Andino 2008, en Arequipa. (Foto: María Panta)

¿Existía esa especialidad en la universidad? ¿Existe todavía? 

Sí, existía en ese momento y existe todavía, pero tiene un problema: ya no hay alumnos. Yo soy, hasta la actualidad, el último alumno que está egresando de esa carrera. Ya, prácticamente, desaparece. No es solo culpa de las autoridades, también lo es de los egresados que no han hecho nada por revitalizarla. Salgo yo, y desaparece.

Después nos contabas que estuviste en el ejército.

Sí. Fue un aspecto prácticamente de trabajo, pero también me gustaba, por otro lado, porque en la familia a la mayoría eso les interesa. Eso de ser militares. Entonces, yo también quise serlo. Pero pensando también en aprovechar este espacio, porque ya tenía en mente trabajar una especie de cine bélico. Ya tenía un guion escrito, pero no sentía la emoción; cuando egresé del cuartel había encontrado otra manera de desarrollarlo. Es un guion que hasta ahorita sigo escribiendo, y pienso que va a ser algo bueno.

¿Y luego has ingresado a la facultad de Ciencias de la Comunicación?

Sí, apenas egresé del cuartel. Pienso que fue en parte por influencia de un superior del cuartel que siempre me decía: “estudia, estudia, estudia”. A él le mostré la película El sendero del Chulo, y me decía: acá te falta consejo porque esto es así, quiero que estudies. Y él tenía razón, entonces dije: voy a estudiar. Tomé más en serio el cine. Pienso que, estudiando comunicación o estudiando cualquier otra carrera, se puede hacer mejores películas, con más contenido, y me puedo defender mejor; esa es la hipótesis que tengo.

Aparte de estudiar y hacer películas, ¿qué más haces?

Por el momento tengo dos oficios, nada más, que son estudiar y hacer un poco de producción audiovisual. Hago algunas filmaciones de eventos sociales, spots publicitarios para algunas empresas, como para poder sobrevivir. 

¿Qué trabajos audiovisuales has hecho hasta hoy? ¿Puedes contarnos acerca de los cortometrajes, los documentales que has hecho?

Mis primeros trabajos fueron autodidactas. No sé si llamarlos realmente cortometrajes porque los he hecho empíricamente. Hice una cantidad, creo, de más de 20 cortometrajes, pero no sé si llamarlos cine; prefiero seleccionar lo que sí pueden ser llamados cine -que serán unos cinco- y los que no; casi ninguno lo he exhibido. También tengo un mediometraje que es El sendero del Chulo, mi trabajo más representativo.  

Entonces, en tu formación autodidacta, ibas a estas salas de cine-video y veías películas de Jackie Chan y Van Damme; ¿qué otras películas veías? ¿Cómo fuiste distinguiendo las que realmente eran artísticas de las que no eran?

No me gustaban tanto las películas de Van Damme y Jackie Chan. Más me gustaban las películas que eran difíciles de entender, más complejas. Esas siempre me han llamado la atención. Las películas más simplistas, donde hay explosiones, no me agradaban mucho; pero si te las ponían, tenías que verlas pues.

¿Qué películas, te acuerdas, que te hayan gustado particularmente?

Como te digo, el VHS te lo ponían más o menos cortado. [Sin créditos] Empiezo a distinguir directores ya con el DVD. Cuando hago mi primer cortometraje, Destino, no figuro como director. No me pongo como director, sino que pongo mi nombre, como protagonista: “Óscar Catacora en Destino”.

Porque querías ser actor.

Porque quería ser actor. Y una vez que aparecen las películas en DVD, ya puedes ver el nombre del director, quién dirige. Recién allí noto cuanta importancia tiene el director. Empiezo a diferenciar quién es el director, la importancia de los personajes, los técnicos…

Esto de los planos, los ángulos, la composición, ¿lo fuiste aprendiendo viendo las películas o dirigiendo?

Ya cuando el internet es popular hago mis primeros cortos. Alguien, no recuerdo quién exactamente, me dijo que existe un lenguaje cinematográfico. Me dice que hay planos; así, investigo en internet. Después de eso, me volví, se podría decir, un adicto a los libros de cine. Empecé a leer bastantes libros de lo que podía encontrar en internet, de lo que se podía descargar. Descargué una cantidad, y empecé a entender realmente cómo eran los planos, la composición, a comparar con las películas…

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“Seven Samurai” (1954), de Akira Kurosawa

¿Y el cine oriental?, me decías que te gustaban algunos directores en particular.

Sí. Yo vi en el cine-video Los siete samuráis de Akira Kurosawa. Cando la vi no supe el título, porque no lo ponían, pero la vi tres o cuatro veces porque era bien popular esa película en Puno, porque la gente se identificaba, era netamente de campesinos. Después vi Rashomon; me gustaba bastante. Como que también la raza influye mucho ¿no?, el rasgo genético de la sierra es muy parecido [al asiático]. Entonces, uno se identifica más o menos. Allí es cuando más veo esas películas, los personajes tenían destinos inciertos, los finales no se podían adivinar. En cambio, en las películas de Van Damme o Jackie Chan podías adivinar, y es allí cuando me doy cuenta de qué es lo que quiero hacer. 

También te gusta Takashi Miike.

Podría identificarlo como que es un director creativo. Hace una adaptación de western. El western no tiene nada que ver con Japón, pero allí lo adapta y es un director medio polémico, me agradan sus películas.

¿Y Brian De Palma? Comentabas que te ha influenciado también un poco.

Cuando me contacté por internet con el profesor José Luis Quispe, me escribió: “¿Te gusta Carlito’s Way?; bueno, vas al cine y dime quien es el protagonista y quien es el director”. Y ya, la busco en internet y copio la ficha técnica, la sinopsis, todo igualito porque todavía estaba emocionado por conocer a alguien que me hablara de cine. Y me dice: “Brian De Palma es un gran director”. Empiezo a buscar las otras películas de Brian De Palma, y era bien difícil encontrar en Puno ese tipo de películas, porque la gente más ve las de Van Damme, Jackie Chan, toda esa nota. Entraba, pues, en ese conflicto: yo quería ver esas películas, pero no había. Escoges los nombres y los buscas en internet, pero te tienes que conformar con ver el tráiler o leer la sinopsis y los comentarios sobre la película. Caracortada la busqué, y después de tiempo, la encontré, pero con otro nombre: El precio del poder. Algunas películas se venden con otros nombres en Puno, y es bien difícil encontrarlas con su nombre verdadero.

¿Y el western?, también te gusta el western, por lo visto, ¿no?

Sí, Sergio Leone, es un clásico. Me gustan sus películas. Yo pienso que es más por la identidad de donde provengo, del campo, de la música. La música me encanta. Doy mucha importancia a la música para la narración de mis películas. Para mí, la música es importante para poder transmitir la emoción del sentimiento del personaje y de la historia hacia el espectador. 

En El sendero del Chulo hay una contradicción, pero que funciona muy bien, entre acciones muy violentas y una música muy lírica. Me recuerda a Leone. 

Claro. Es como una danza rítmica que llega al éxtasis, ¿no? Por ejemplo, en Érase una vez en el oeste; es la máxima expresión.

¿Crees que necesitas algún tipo de formación técnica para desempeñarte mejor? Específicamente, ¿en qué puntos te gustaría tener una mayor capacitación en adelante?

En realidad, no quiero una formación así, formal. O sea, para poder mejorar mi formación quisiera conversar más informalmente con gente que sabe de cine. Hablar más de cine, porque es allí donde considero que voy a encontrar mi propio estilo. Como dije, no quiero ir a una escuela de cine. No quiero que nadie me diga: “oye, el cine se debe hacer así”, porque así terminas siendo parte del montón, terminas haciendo una película igual como la hace tu docente. Pero sí quiero hablar mucho de cine y escuchar hablar mucho de cine, quiero escuchar no solo opiniones favorables al cine que hago, sino también en contra. Pues es allí, entre esas palabras, entre esos dichos, que quiero encontrar una respuesta a mí mismo, para saber qué es lo que quiero hacer y qué es lo que están haciendo. Esa es la idea.

Tus estudios de ciencias de la comunicación, ¿cómo los llevas, entonces? Porque allí te inducen probablemente a emplear ciertos códigos…

Los estudios universitarios los doy más por el lado de la investigación. Pienso que me van a ayudar para investigar los temas de trasfondo. Por eso dije que los estudios me van a ayudar para poder defender de mejor manera una hipótesis que tengo, de poder hablar mucho mejor de un tema.

¿En la Universidad del Altiplano hay algún curso relacionado con el lenguaje cinematográfico?

Sí, sí hay. Se hace lenguaje, se hace análisis y critica de cine. También se hace taller de producción audiovisual.

No hay curso de guion. 

No, no hay de guion específicamente. Pero sí se habla mucho de cine. 

Hablemos de la producción ya de las películas, sobre El sendero del Chulo, ¿cómo costeaste la producción?

Teníamos un pequeño fondo con mi hermano, le dije que quería hacer una película y si él quería invertir su dinero, y él aceptó. Le advertí que uno nunca sabe si va a recuperar; pero sí se recuperó algo. La condición que puso era que él tenía que aparecer en la película. Ya pues, le dije, y empezamos a trabajar. Salimos a la calle, escribimos un guion y buscamos una cámara.

La cámara no era una cámara digital.

Era una cámara analógica y estaba reventada en blanco, estaba malograda. Por eso digo, he experimentado. Para mí, lo importante era registrar la imagen, mal que bien, pero registrar. 

Tu hermano, ¿qué personaje es en la película?

Mi hermano quería ser el malo de la película, pero no salió al final. Le hicimos la prueba, y no resultó. Hice respetar mi posición de director, ¿no? Si no das, pues no das. La que sí entró así, sin querer, prácticamente la obligamos, fue mi cuñada. “Tú sí vas a tener que actuar”, “no quiero actuar”; “no, sí vas a actuar”. Fue bonito trabajar así. 

¿Todos trabajaban gratis?

Sí, pero al final, cuando estrenamos la película, nos dimos una remuneración a todos, porque sí hubo una ganancia, no lo vamos a negar. Una ganancia pequeña, no mucho, pero sí hubo. Nos repartimos de forma equitativa, esa siempre fue mi palabra: “si hay ganancia, se comparte entre todos”.

¿Y cuánto calculas que fue el costo de la película, más o menos?

Bueno, se hizo con un estimado de 300, 400 soles. Prefiero redondearlo a 500 soles, para no decir tampoco “qué misia”, ¿no? 

¿En qué se fueron esos 500 soles?

Bueno, en alquiler de cámara, 20 soles por día.

Malograda encima...

Sí, y en alimentación, en las cintas de video, y en la edición, que me cobraron un sol por hora. La editamos en una cabina de internet, me cobraban por hora.

¿Con qué programa lo editaste?

Con Premiere. [N.E.: Se refiere a Adobe Premiere]

¿Tú no tenías computadora?

No tenía computadora en ese entonces. Alquilábamos una cabina de internet, allí tenía un amigo. Al final me pasé casi un mes editando, hasta más todavía. Tenía que pagar alrededor de 200 soles, creo; pero, como al pata le gustaba, me rebajó todo a 100 soles. Fue bonito. Hay gente que se unió a la campaña también, o sea, gente que ve tu trabajo y dice: “esto hay que promocionarlo”.

El guion, ¿cómo lo escribiste?

El guion fue una etapa de dolor de cabeza. El que tenía, a nadie le gustaba. Cuando recién estás empezando, tienes ese concepto de que todo lo que estás haciendo está bien y quieres ser aprobado, ¿no? Lo que haces, lo muestras a otro, y te tiene que decir que está bien. Entonces, para mí era algo doloroso cuando lo mostraba: “esto es lo que quiero hacer”, [y me decían:] “no, está mal, no se entiende”.

¿Hiciste guion técnico o solamente guion literario?

Guion literario nomás. Ya sabía exactamente qué tomas iba a hacer. Ya lo tenía todo en mi cabeza, qué tomas necesitaba y en cuánto tiempo iban a durar.

Y me comentabas que tenías la idea de hacer todo con cámara en mano.

Sí. Pero, en realidad, fue un error porque lo que yo quería era imitar a las películas de De Palma donde la cámara fluye, pero nunca me había dado cuenta de que esas películas eran hechas con steadycam. Mi tío, que era el director de fotografía [N.E.: Se refiere a Tito Catacora, quien sería luego productor de “Wiñaypacha”], me decía “Oscar, pero mucho está temblando”. Yo le respondía: “pero quiero que sea así, sigue temblando”. Fue muy curioso, pero toda la película lo hemos hecho así. Por allí hay unas escenas que sí se hicieron con trípode, pero que en la edición tuvimos que moverlas para que no rompiera el ritmo, la energía, el estilo.

Las locaciones, ¿cómo las elegiste?

Simplemente se grabó en una cuadra, nada más, de lo que era la ciudad.  Un espacio de la calle era un escenario; girábamos la cámara a otro lado y este ya era otro escenario. Y así. Tuvimos ese problema en Puno cuando estrenamos la película; la gente se daba cuenta rapidito: “oye, este es el mismo escenario”; pero la gente que no conoce Puno, pues todo lo nota diferente. 

¿Y la elección del vestuario? Uno de los villanos usa un gabán, parece de un western de Leone.

Siempre me ha atraído la parte de los vestuarios. En realidad, el vestuario para mi representa lo que es una persona. Pero, en el caso del Chulo quería que fuera algo más normal y es por eso que tenía problemas sobre cómo vestirlo. No lo podías vestir como un asesino, así, brutal… con lentes. Pero tampoco podías vestirlo, digamos, de un humillado pobrecito, ¿no?, porque también era un asesino. Entonces, era bien difícil. Preferimos en unos momentos vestirlo bien y en momentos teníamos que vestirlo decadente. La Chola viene más que todo de Robert Rodríguez, quien crea personajes pintorescos.

Pero esta historia de la paisana que dispara estaba también en una película boliviana

Sí, en ¿Quién mató a la llamita blanca?; pero tiene otro sentido.

Claro, allí era una asaltante, en realidad. Aquí no, es una mujer común y corriente, solo que se está vengando.

¿Cómo elegiste la música?

Primero prefiero tener los sonidos y recién crear una secuencia completa y, sobre eso, cómo es que quiero que sean mis imágenes para esa escena. En la escena del final ya sabía qué tipo de música iba a ir, ya tenía la música, parecía que estaba compuesta exactamente para el ritmo de la película.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje?

Catorce o dieciséis días. La edición duró mucho más. Nunca habíamos pensado que esta película podía llegar a un festival, a Arequipa o Juliaca, y, acá en Lima, a CAFAE. El sendero del Chulo es una filmación familiar, y que llegue hasta acá, para mí, para nosotros, es un orgullo.

¿El rodaje fue continuo o solo fueron fines de semana?

Continuo. Soy de los directores que prefieren hacer una película continua hasta acabarla. 

Pero la mayoría de cineastas regionales hacen rodajes muy esporádicos.

Pienso que allí es cuando se pierde la seriedad del trabajo, la emoción y la concentración. En cambio, cuando haces un trabajo continuo, el actor, mientras más se va acercando para terminar, siente que la emoción es más fuerte, y el compromiso es mucho mayor, y quiere que el final sea mejor. Generalmente, los finales los filmo al último; ¿para qué?, para que los actores ya sepan quienes son [sus personajes]. Incluso en algunas películas, durante el rodaje, prefiero no llamarlos por su nombre verdadero, sino por el nombre artístico, para que se les meta la idea de quiénes son y se comporten así.

¿Cuándo la exhibieron por primera vez?, ¿cómo fue la respuesta?

La estrenamos el 29 y 30 de marzo del 2008, sábado y domingo, en la Municipalidad Provincial de Puno. Llevamos el poster y el mismo alcalde dijo: “te doy el local gratis”. No lo creía al principio; es bien difícil que un director de 20 años haya producido una película, era bien extraño.

¿Cuánta gente fue al estreno?

Estaba full. Pero no me di cuenta porque más era la emoción de ver tu película en una pantalla. En las cuatro primeras funciones, no me di cuenta. Solo me interesaba que la película se proyecte, no me interesaba si se ganaba o se perdía. 

¿Cuántas funciones dieron?

En total, ocho funciones en Puno. Pero luego fuimos a Juliaca, Azángaro, Ilave, Desaguadero; varios lugares. En Arequipa, estuvo en el Festival de Cine Andino. Es bien raro que lo tomaran en cuenta, porque es un mediometraje, y, en realidad, en Puno hay varios ¿no? Fue raro que lo seleccionaran. Incluso Roger Acosta simplemente vio el tráiler y, a partir del tráiler nomás, lo escogió.

Edición: Laslo Rojas y Luis Ramos
Agradecimientos a Emilio Bustamante

El sendero del Chulo

Mediometraje experimental realizado en la región de Puno a mediados del 2007 y fue escrito, producido, editado, protagonizado y dirigido por Óscar Catacora. Se basa en la historia de uno de sus cortometrajes “Osquitar’s Way”. La cinta se rodó durante una semana en la ciudad de Puno y parte del distrito de Acora, y contó con un presupuesto estimado de 250 soles (100 dólares). El mediometraje se estrenó el 29 y 30 de marzo del 2008 en el Cine Teatro Municipal de la ciudad de Puno.

Ficha técnica
2007 – 45 mins. – Acora, Puno, Perú
Producido por: Cine Aymara Studios
Dirección y guion: Óscar Catacora
Fotografía: Óscar Catacora, Tito Catacora
Reparto: Óscar Catacora, Nereo Cotrado, Doris Chara
Género: Thriller

Sinopsis:
A mediados del año 2007, Puno es un hervidero de violencia, y es aquí donde se desarrolla la historia de un hombre atrapado por su subconsciencia. Víctor (alias El Chulo) es peligroso ladrón de autos, sin embargo ahora tiene la oportunidad de recordar todo su oscuro pasado, desde sus primeras acciones delictivas en el corazón de la sierra, hasta los últimos acontecimientos que le llevaron a enfrentar su fatal destino.

(Vía: Blog Oscar Catacora)