Festival de Lima: Entrevista con Tito Catacora, codirector de «Yana-Wara»

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En el pasado Festival de Cine de Lima se estrenó la película puneña «Yana-Wara» (2023), codirigida por Tito y Óscar Catacora. Se trata del film póstumo de Óscar, quien falleciera inesperadamente recién iniciado el rodaje de esta película, en noviembre del 2021. Su tío Tito fue entonces quien tomó la dirección durante el largo proceso de realización que aun tenían por delante. El resultado es esta notable obra que, al igual que «Wiñaypacha» en su momento, asombra y entusiasma por sus logros cinematográficos, y por su mirada cruda y realista de la vida (y la muerte) en las comunidades aimaras de nuestro país.

Conversamos con Tito Catacora a continuación, para conocer más sobre el proceso creativo de esta irrepetible pareja de creadores, del reto de trabajar ahora en adelante en solitario, de su rigor intelectual y físico al abordar el cine; además para conocer sus siguientes proyectos, los cuales incluyen su siguiente película titulada «Los indomables», que probablemente veamos el 2024.

Esta entrevista ha sido editada y resumida, por motivos de longitud y claridad. (Algunas preguntas pueden contener spoilers, lo indicaremos para que lean con precaución):

Tito, ¿cuándo fue que iniciaron el proyecto de “Yana-Wara”? ¿Fue posterior a «Wiñaypacha», o era una idea que ya tenían desde antes?

Yo recuerdo que “Yana-Wara” surge como idea en el 2018, paralelamente con otra obra que ya hemos presentado, “Pakucha” (2021). Más bien, “Los indomables”, que será nuestra siguiente obra, su origen data de años atrás, del 2010. Con “Yana-Wara” entonces empezamos la escritura del guion, luego para conseguir fondos teníamos que aplicar al concurso del Ministerio de Cultura, el cual ganamos y con ese presupuesto se ha hecho realidad el proyecto. [N.E. Obtuvieron el estímulo del Concurso nacional de proyectos de largometraje de ficción en lenguas originarias del 2018].

Tito Catacora, codirector de «Yana-Wara».

¿El guion lo trabajó directamente Oscar, o también tú participaste? ¿De dónde proviene este relato que vemos en la película?

A ver, nosotros siempre éramos un equipo con Oscar y todos los guiones siempre salían de las ideas de ambos, “Wiñaypacha”, “Pakucha”, “Los indomables”. Salvo “Yana-Wara”. En este caso Oscar ya me presentó la idea, no es que hemos discutido sobre qué tema abordar, sino que él ya lo había tenido en mente y me presentó una especie de sinopsis. Me pareció genial y lo trabajamos para concretar el guion. Para esto mi sobrino se basó en preguntas que formulaba a su madre, a mi hermana mayor, quien proporcionaba información sobre cómo podíamos tratar esa historia, ese mundo místico. Yo también aportaba, porque yo conocía más o menos esos temas, por vivencias y también por estudios. Así fue como lo sacamos adelante.

«Sentí el cambio a lo que yo estaba acostumbrado, a trabajar todo en equipo, con el brazo derecho. Eso ya no había, solo me encontraba, solo lo tenía que solucionar. Ese es el vacío que he sentido».

Entrando ya en la realización, claramente ha sido una situación muy complicada, por lo sucedido con Oscar durante el rodaje. Sabemos que él ya había grabado un 20% de la película cuando se suscita esta tragedia. ¿Cómo fue ese momento en que tuviste que tomar la batuta del proyecto? ¿Cómo fue ese proceso internamente para ti, ese paso forzado de la producción a la dirección?

Aquí también recalco lo siguiente: nosotros siempre hacíamos el trabajo en equipo, en la producción de nuestras obras anteriores, y estamos acostumbrados a ello. Esto significa que cuando yo aparecía en los créditos como productor, no implicaba que yo me encargaba de toda la producción. Oscar me ayudaba, podríamos decir casi como coproductor. Y si él dirigía, de igual manera, yo en créditos aparezco como asistente de dirección, pero muchos dicen que el asistente de dirección no es responsable de la creación artística. En nuestro caso no era así, ambos éramos responsables de la creación artística. Entonces, no era para mí cosa novedosa, distinta o diferente pasar a la dirección. Pero sí sentí el cambio, a lo que yo estaba acostumbrado, a trabajar todo en equipo, con el brazo derecho. Eso ya no había, solo me encontraba, solo lo tenía que solucionar. Ese es el vacío que he sentido.

Pero el paso de productor a director, eso no me afectó. Cuando los dos hacíamos la creación artística, a veces surgían algunas discusiones, y si no había un acuerdo en algún tema, seguíamos la decisión del que estaba asumiendo la dirección en ese momento. Así pasó también cuando yo estaba dirigiendo “Pakucha”.

Entonces, sí, yo conocía todo el concepto de la creación de “Yana-Wara”, juntamente con Oscar hemos hablado, en qué formato lo vamos a hacer, si va a ser monocroma o a color, qué materiales vamos a emplear, etc.

Sobre este trabajo en tándem, en otra entrevista tú mencionas que el estilo de Oscar era un poco más cauto, y tú eras más atrevido, como que él era más la parte subjetiva y tú eres el más racional. Está como ejemplo, la escena del aborto de la criatura, se muestra gráficamente la figura del feto. Ese tipo de cosas ustedes antes lo discutían, pero en este nuevo escenario ya no había ese balance, tú ya te atreves sin ningún freno, digamos.

Claro, ese ha sido el golpe que he sufrido. Ya no hay quien me limite, quien me frene, no hay quien me regule. Eso es lo que he sentido, ese vacío. Con Oscar obviamente tenemos nuestras diferencias, yo soy una persona más racional, más objetivo, más práctico, pragmático y también soy estructuralista, mientras que mi sobrino es más subjetivo. Yo siempre digo que mi sobrino era artista de cine, y muchas veces digo que yo no soy artista, yo al cine lo veo tal vez como industria. Si hacemos una cosa, yo soy de la idea de que hay que hacerlo bien. Y para hacerlo bien, tengo que investigar, tengo que prepararme. Mi sobrino creo que era más subjetivo y por ende, nos complementábamos. Nosotros siempre decíamos que éramos como los hermanos Coen, o algo así. “Los hermanos Catacora” nos decíamos (risas).

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«Los hermanos Catacora»: Tito (izq.) y su sobrino Oscar, codirectores de «Yana-Wara». (Foto: Septiembre del 2016)

Es imposible saberlo, pero ¿la película que hubieran hecho ustedes dos, con Óscar presente, hubiera sido distinta a lo que hemos visto ahora?

Sí, hubiera sido abismalmente diferente, porque a mí me gusta provocar al espectador, yo soy bien exigente, quiero que el espectador participe y según eso he tomado algunas decisiones. Por ejemplo, como yo mismo hago la edición, recuerdo que estaba midiendo el ritmo de la narración. Veo que transcurrían 10 segundos de una escena donde solamente se ve la oscuridad, en la secuencia del “exorcismo”, todo en negro. Ahí me dije: “¿con 10 segundos basta? ¡No! Me atrevo a más”. Y he puesto lo que he querido, nadie me dijo que no. Bueno, eso son riesgos que uno toma, pero a veces también funcionan.

«Sí, es muy chocante, por eso justamente lo hice así, porque de eso se van a recordar de esta obra. Si hubiera sido algo sutil, ni siquiera estaríamos tratando ese punto ahorita». 

Hay que considerar que las duplas de directores son la excepción. Normalmente un director es el único “dictador” en la película y él hace lo que le da la gana, en líneas generales. Tú te estás encontrando recién ahora en esa situación.

Sí, por ejemplo tú mencionabas la escena del feto. Mi sobrino nunca habría hecho eso. Yo lo conozco, él no lo habría hecho así. Pero yo sí lo hice así. Sí, es muy chocante, por eso justamente lo hice así, porque de eso se van a recordar de esta obra. Si hubiera sido algo sutil, ni siquiera estaríamos tratando ese punto ahorita. 

¿Cómo fue el trabajo de casting y de dirección de los actores protagónicos?

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Pues hemos hecho casting por diferentes medios y formas, pero no encontrábamos a los actores idóneos. Luego hemos buscado por comunidades en los diferentes lugares de la zona aimara, pero no conseguíamos a los actores. Con Oscar nos cansamos de buscar, así que decidí contratar a un “cazador de talentos”. No es fácil acercarse a una niña, o que una persona foránea se acerque a las comunidades, porque se puede malinterpretar. Aparte de eso, yo no tengo habilidades para acercarme a los niños, de conversarles. Entonces, a esta persona yo le entregaba los perfiles de lo que queríamos. En el caso del personaje de Yana-Wara, hemos encontrado a Luz Diana en el distrito de Conduriri. Sabíamos que en ese lugar iban a realizar una actividad, un desfile por su aniversario. Hemos ido varias veces, ahí hemos visto conjuntos de personas, pasan comunidades, nos acercábamos a los autos, unos aceptaban, otros te mandaban a rodar. Un día nuestro “cazador de talentos” se acerca con bromas a las mujeres, le habla a la mamá de Luz Diana, le bromea y la convence, es un especialista (risas). Ahí me presenta a mí, la niña me dijo que sí era posible participar, ya luego pasamos a conversar con su padre, con su madre. Sí algo debo de agradecer sería a la misma actriz. Ella era una niña de 13 años, que estaba predispuesta, se arriesgaba. Le contamos que la historia va a ser así y tal, le consultó a sus padres, dijo que quería actuar. Sus padres no se opusieron y nos han autorizado, así se ha conseguido su participación.

En el caso del protagonista, del abuelo, no hemos sufrido tanto en conseguirlo. Hemos ensayado con otros actores, pero ellos más se preocupaban por el tiempo que les iba a tomar, tenían que atender a sus ganados, etc. Al señor Cecilio, quien encarna a Evaristo, lo hemos ubicado a través de amigos, él no vino a los castings. Al inicio le propusimos el trabajo, y él estaba indeciso, no decía ni sí ni no. Pensamos que no le daba importancia, entonces seguimos buscando. Pero por casualidad un día nos encontramos, y él nos dice, “¿y cuándo vamos a hacer el trabajo que nos han prometido?”. Entonces me dije: “ya está predispuesto”, y nuevamente hemos retomado la conversación. El señor Cecilio se ha fajado, desde el inicio del rodaje hasta el último día. No ha podido ni bajar para ver a su familia, se ha dado íntegro. Mis respetos para el señor Cecilio. Es más, él tiene formación académica, es egresado de la universidad, creo que estudió sociología o educación, pero ya estaba retirado en el medio rural. Después supimos que él había sido dirigente durante la toma de tierras [de los años 60].

Entonces, en el caso de ambos, ¿no tenían ninguna experiencia previa en cine o audiovisual?

No, en absoluto, experiencia actoral en las regiones es muy difícil, no hay profesionales. Escuelas de actores habrá acá en Lima o en otros países, pero en las regiones tenemos que formar. No es fácil, algunos sí asimilan rápido. Yo, con experiencia puedo decir: una persona que tiene cualidades para ser actor, en tres días se convierte en actor, yo lo convierto en actor. Pero aquellos que no tienen ese talento, así pasen años… Luz Diana es la que más rápido asimilaba, mientras que Cecilio sí se demoraba bastante.

Cecilio Quispe y Luz Diana Mamani, protagonistas de «Yana-Wara». (Foto: Diego Julca)

Sobre el reparto en general, ¿ellos comparten, dentro de sus creencias, estos mitos que se cuentan en la película, de la maldición y cómo enfrentarlo? ¿Ellos mismos traen también ese conocimiento?

Lo cierto es que sí, todos los que radicamos en la región andina sabemos esas historias, sabemos muy bien que existe el anchancho, la mala hora, saben que por las noches no hay que romper el orden cósmico. Porque nosotros creemos que todo está ordenado, y eso no hay que romper, si se rompe se produce un cataclismo. Entonces, sí tenían conocimientos previos, pero de todas maneras estos se tenían que seguir de acuerdo al guion. Yo pienso que sus conocimientos previos sí les ayudan para interpretar sus personajes, pero igual hay que dirigir. Hay que dirigir escena por escena, cuál va a ser su actitud, su comportamiento, todo eso.

«El señor Cecilio se ha fajado, desde el inicio del rodaje hasta el último día, se ha dado íntegro. Mis respetos para el señor Cecilio».

Me comentaste en una conversación anterior, que en el momento que tuviste que tomar la dirección de la película, tenías mucho temor por la historia en sí. ¿Era un temor que venía desde antes, desde la gestación del proyecto?

Sí. Nosotros hasta ese momento ya habíamos creado cuatro obras, de estas “Yana-Wara” era la única que me hacía tener miedo, temor. Desde el momento de la guionización me atemorizaba, parece que tenía una energía algo negativa. Cuando se aproxima el rodaje, igual tenía miedo, siempre…

¿Y eso lo conversabas con Oscar?

Sí, conversábamos. Mira, en el caso de “Los indomables”, estamos hablando de trabajar con más de 200 personas… ¡ni a eso le tenía miedo! Pero “Yana-Wara” me atemorizaba. No sé, tal vez será eso por lo que mi sobrino falleció, por eso tendría yo tanto miedo. Ahora que ya se ha hecho realidad la película, ya no le tengo tanto miedo, me parece que ya lo he vencido, así siento, porque ya lo he convertido en realidad, lo he hecho, y ahí está. Por nuestra parte hemos cumplido, y que devore el espectador, eso ya es algo subjetivo.

Como te decía, yo soy más racional, pero creo que también tengo mi parte intuitiva, y eso es lo que intuía y es lo que siento. Ahora veo la película en el cine, ya no le tengo temor.

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De alguna manera, te pasa como en la película, has exorcizado ese temor, ese mal.

Sí, algo así. Es raro. En “Yana-Wara” pensaba, por ejemplo, ¿cómo voy a trabajar con la niña? Luego, la niña se va a enfermar, pero no es una enfermedad física, sino es una enfermedad mental, psicológica. Entonces, ¿cómo represento eso?, pensaba si los demás iban a estar de acuerdo o no, cosas así.

¿En qué locaciones se grabó la película? 

El rodaje no se hizo en un lugar común, tuvimos que ingresar por ejemplo a cuevas terroríficas, y bueno, el atrevimiento es así. Hemos rodado en las cuevas de Puente Bello, eso se encuentra en el trayecto de Puno hacia Moquegua. Para ir ahí teníamos que salir desde nuestra base de Conduriri a las 3 de la mañana, con todos nuestros alimentos, ya en el camino desayunábamos a las 7 de la mañana. De ahí seguíamos el viaje, para llegar entre 8:30 a 9 de la mañana, y desde la mañana empezábamos a rodar. Una vez recuerdo que nos hemos quedado hasta las 9 a 10 de la noche, dentro de la cueva. Y no es cualquier cueva, ahí dentro se empoza el agua. Entonces empezó a llenarse y me asusté, tiene algo místico, es muy raro. El agua se empezó a subir, es un puente natural y el agua que corre empieza empezó a llenar la cueva, y es profunda. Creo que ahí sí tenía razón para atemorizarme.

Tito, ¿se puede saber en qué secuencias de la que hemos visto estuvo Óscar presente?

Ahorita en la película quedan cinco escenas de mi querido Oscar, de 100 escenas en total. Son escenas al inicio de la película. Yo creo que aquí habría que rescatar el aporte de todos los que hemos trabajado, habría que ser justos. Si yo he visto conveniente que mi sobrino vaya como codirector, es porque lo merece, porque ha hecho el guion, hemos hecho juntos la preproducción, el rodaje lo ha iniciado, y luego nosotros lo hemos terminado. Pero la obra no se hace solamente gracias a mí o a Oscar, sino también aquí está el concurso de otros técnicos, eso sí lo valoro, el aporte en diferentes áreas, arte, sonido, etc.

Equipo de rodaje de «Yana-Wara». (Foto: Diego Julca)

¿El crew con el que trabajaron en “Yana-Wara” es similar al de “Wiñaypacha”?

Algunos técnicos sí, por ejemplo en el caso de mezcla de sonido, el diseño de afiche, etc. En dirección de fotografía, yo también asumo el rol, y compartimos los créditos con Julio González. Con Julio al principio nos costó un poco, pero lo bueno es que él mismo maneja la cámara, no necesitamos otro operador. Así que ambos hemos trabajado también en nuestra siguiente película ya filmada “Los indomables”. Ahora él de antemano ya sabe qué es lo que quiero, ya me lee. Prácticamente somos como Christopher Doyle con Wong Kar-wai (risas), así ya me entiende. 

Así hemos armado un equipo pequeño pero compacto. A mí, con la poca trayectoria que tengo, me gusta trabajar con un equipo que sea viable de manejar, que no sea muy corto, ni demasiado amplio. Eso es pesado, no giran las ruedas, se hace muy pesado el viaje. Claro, si es un equipo muy reducido, también faltan manos. 

«Pienso que ir a un rodaje es como ir a la guerra. Yo he estado en las fuerzas armadas, soy licenciado del ejército y conozco».

El equipo de filmación tiene que tener una buena capacidad física para poder soportar esto que nos cuentas, ¿no? Esos trayectos largos, esas condiciones difíciles. De repente llevas a un profesional de Lima, que pueden ser muy buenos en su trabajo, pero no van a lograr resistir…

Pienso que ir a un rodaje es como ir a la guerra. Yo he estado en las fuerzas armadas, soy licenciado del ejército y conozco. Yo he estado en un batallón antisubversivo, y he trajinado. He sido soldado de guerra. Entonces yo siempre comparo, cuando hacemos esta etapa de rodaje, es como ir a la guerra. Las otras etapas de la producción cinematográfica, yo diría que es como alistarse para la guerra.

Entonces, ¿todo esto qué implica? Que debemos estar preparados, y generalmente yo trabajo así, me rodeo con técnicos que son especialistas, y que han demostrado sus capacidades, algunos son de mi entorno familiar; y otros son de la región. Poco a poco estamos comprometiendo a los técnicos provenientes de Lima, me ha tocado llevar a buenos técnicos, y no tuve problema. Igual enfrentaron esa guerra y lo hemos sacado adelante.

A diferencia de “Los indomables”, ahí he ampliado mi equipo y recuerdo que algunos compañeros de Lima sí se han rendido. Eso a mí me limita, pero ni modo. Un ejemplo: en “Yana-Wara” recuerdo que un día hemos regresado del rodaje a las 3 de la mañana, porque grabamos hasta las 8 ó 9 de la noche, más el viaje de regreso. Claro, esto no implica que al día siguiente a las 8 de la mañana nuevamente vas a salir al rodaje, no. Descansamos, de repente hasta las 6 de la tarde. Todo eso se recompensa, pero hay momentos donde hay que esforzarse. Porque la energía se agota, y hay que saberla recuperar. A mí sí me gusta trabajar bastante. A veces veo que las instituciones públicas reclaman: “no queremos trabajar más de 8 horas”, y están haciendo paro, huelgas. ¡Yo trabajo 18 horas!, todo hay que hacer… Aunque no sé, tal vez no debería hacerlo así.

Recuerdo que Oscar nos contó que había entrado en el ejército durante una temporada, para darse disciplina, orden. Pero no sabíamos que tú también tenías esa experiencia. De repente ha sido por eso que Oscar también siguió tus pasos.

Sí, él vivía conmigo, entonces siempre imitaba un poco lo que hacía: si yo ingresaba a la universidad, él luego ingresaba. Si yo he ido al ejército, él también lo hacía. Sobre el ejército, es otro universo, otro mundo. Yo diría que en mi época era el mismo infierno en la tierra…

¿En qué años has sido parte del ejército?

Yo he prestado mi servicio militar en los años de 1992 a 1993. Yo conozco cómo patrullar, por ejemplo. Ahí acaso te vas a quitar tus ropas, tus botas. No, el soldado atraviesa así el río, y duerme así toda la noche, y luego sigue caminando. Entonces, yo tengo ese concepto, por eso es que no me rindo fácilmente.

Pensando en los temas que vemos en “Yana-Wara”, y también en “Wiñaypacha”, encontramos que son historias que para mucha gente, y me incluyo, sirven para descubrir el mundo aimara, sus costumbres, sus creencias. Pero, por alguna razón, siempre son eventos trágicos, dolorosos, tristes. Hay pocos momentos de alegría, de situaciones que más bien contenten a los personajes, o al público. ¿Por qué crees que se da eso en el cine que ustedes están planteando hasta ahora? 

Pienso que cada autor expresa lo que lleva en el interior. Pienso que el mundo andino siempre ha sido excluido, ha sido marginado, ha sido opacado, y eso lo llevamos hasta en el mismo alma. Eso podría ser, partimos de eso para poder explorar y después exponer, crear, primero en la literatura y luego en el audiovisual. Yo creo que esa sería la explicación.

¿Y por qué no hacer historias de otro género? Digamos, una comedia. Tal vez porque nuestras personalidades no están como para poder abarcar esos temas. Aunque sí hemos pensado en hacer una comedia negra. Sí, de repente en algún momento hacemos una. Pero una comedia con las características que se suelen hacer en el cine peruano, no creo. Difícil, imposible. Nuestra percepción es muy distinta.

Claro, no es solamente pensar en una comedia con bromas y chistes, sino situaciones o realidades como hemos visto, de repente, en “Pakucha”, que es una celebración, es una fiesta…

Sí, claro, eso se da en “Pakucha” porque es un documental y un documental ya no se puede falsear. Al margen de que la historia real existe, el documental igual es un tratado, una mirada, pero siempre tenemos que aproximarlo lo más cercano posible a la realidad. Entonces, por eso creo que ha salido así esa película. A diferencia de la ficción, ahí el guionista o los realizadores siempre son los que hacen la historia, está totalmente controlada.

Tú mencionas, en una entrevista anterior, que “Pakucha” es una película etnográfica. En el caso de “Yana-Wara”, ¿tú dirías que es más una película de denuncia social?, por los temas que se muestran, el abuso de menores, discriminación, el maltrato..

Y el machismo, que también está presente. Sí, son varios temas que abordamos en “Yana-Wara”, los cuales pienso van a poder ser tratados en el mundo académico, ya sea las universidades, o los que se dedican a hacer estudios antropológicos. Por ese lado creo que tiene un valor cultural, y por otro, un lado artístico.

«Pienso que el mundo andino siempre ha sido excluido, ha sido marginado, ha sido opacado, y eso lo llevamos hasta en el mismo alma».

Creo que se podría ver también como una crítica a la manera en que se regula la vida en las comunidades aimaras, cómo es que las autoridades deciden lo que deciden, y quizás así siguen perpetrando esas conductas de discriminación, de maltrato. ¿Tú lo verías así? 

En este caso estamos hablando de justicia intercultural. Otra cosa es la justicia ordinaria, donde hay fiscales, jueces. ¿En cuánto tiempo se resuelven los asuntos ahí? No sé, hay casos, digamos, de políticos [corruptos], que están cinco, diez años en proceso. Pero en las comunidades se resuelven en un día, ¿te das cuenta? Si todos sus problemas llegaran a la justicia ordinaria, cómo sería. Pero allá lo solucionan [rápidamente], pueden cometer errores, sí, pero también hay aciertos, que es el caso que vemos en la película.
Siempre se busca lo justo. En la comunidad no puedes engañar, es muy difícil, pero mientras en la justicia ordinaria llevas un falso testigo, falsificas documentos… Ahora, hay otros temas también, hablando del machismo, eso sigue existiendo, pero habría que entender en qué sentido existe, cuán trascendental es, o cómo se puede superar, etc.

Los actores de «Yana-Wara», en un alto del rodaje. (Foto: Diego Julca)

La siguiente pregunta puede contener spoilers:

Respecto a la imagen final de la película, vemos a un personaje caminando de espaldas a la cámara, alejándose de nosotros, rumbo a su último destino, quizá a su muerte. Similar imagen vimos al final de “Wiñaypacha”. ¿Esto fue una coincidencia?

A ver, eso está pensado así: cuando el Tata Evaristo cruza el río, significa que el agua lava toda sus malas energías, al igual que en “Pakucha”; entonces, ahora él está dejando sus malos augurios y está preparado para enfrentar su futuro que es totalmente incierto. En este caso, cuando se aleja de espaldas, es porque solamente se está alejando de la comunidad y como es el final del film, narrativamente necesitamos que poco a poco cierre la escena y por ende la película. Ahí es donde aprovecho para incluir el in memoriam.

Finalmente, ¿qué nos puedes contar de su siguiente proyecto “Los indomables”, en qué estado se encuentra?

“Los indomables” está en etapa de postproducción, ya hemos cerrado el montaje, ahí igualmente yo me he hecho responsable de la edición. Pienso que para el próximo año ya estará listo la obra para poder presentarla al público. Puedo decir que dista un poquito de nuestras obras anteriores, en las películas previas la cámara estaba más fija, era una mirada 

más contemplativa. Ahora en “Los indomables” ya no es tanto así, tiene algo más de energía, de movimiento. Además, nuestras obras anteriores eran más autorales, y en este caso tiene también algo de eso, sí, pero también tiene una tendencia hacia las películas de entretenimiento. Es una película épica porque trata de los años de 1780, cuando se levantó Tupac Amaru, quien también es un personaje en la película. Claro, obviamente es todo ficción, pero trata de esa época. Como decía, esta nueva película ya no es tan puro cine arte, sino girado hacia el cine épico histórico.

Aparte de “Los indomables”, ¿tienes en mente un siguiente proyecto que estés trabajando?

Por lo pronto no tengo uno en mente, porque he estado continuamente comprometido [con los proyectos pendientes]. Fuimos sacando uno tras otro, y son diferentes etapas para cada uno que hay que responder al Ministerio de Cultura. Y más ahora que me encuentro solo, no hay tiempo, por eso es que no he presentado nuevos proyectos a los concursos de DAFO. Mi objetivo es cumplir adecuadamente con lo que me ha encargado el Ministerio y luego se pensará. Aunque probablemente lo más próximo a hacer sería un documental, estoy pensando que podría ser sobre el tema de la salud…

¿Esto nació a propósito de la pandemia?

No solamente por la pandemia, sino de salud en general. Tengo un enfoque y tendría aún que construir el guion, pero eso podría ser.

Aunque también me pongo a pensar, de repente voy a incursionar en la misma política, porque yo creo que por naturaleza soy político. Anteriormente, hasta el año 2006, he ocupado cargos políticos, ya van a ser como 20 años que estoy distanciado de eso. [N.E.: En el 2005 Tito fue gobernador del distrito de Acora, y en el 2006 fue subprefecto de la provincia de Puno, por el partido Perú Posible]. Porque si no nos comprometemos, si miramos de lejos, ¿quién lo va a hacer? Yo creo que en el arte he contribuido y la política podría ser una opción. No se sabe tampoco, es una posibilidad. Si no es así, igual voy a continuar con el arte. Por otro lado también tengo la relación con mis alumnos, ya que soy docente, eso también puede retomarse.

Bueno, Tito muchas gracias por tu tiempo.

Gracias a ustedes.

Entrevista realizada por Laslo Rojas, el 11 de agosto de 2023, en el CCPUCP, en San Isidro.
Fotos de la entrevista: Rolando Jurado.


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