Blanca Vázquez | Cinencuentro - Parte 3 | %blog_title% | Cine peruano
Estos son todos los artículos de

Blanca Vázquez

Blanca Vázquez
El americano

La segunda película del cineasta holandés Anton Corbijn, especializado en videoclips para grandes bandas (U2 o Depeche Mode), se ha ganado su buen puesto en taquilla gracias a la presencia y la solidez que le da al personaje un actor del calibre de George Clooney.

El americano es George Clooney, y George Clooney no es sólo El americano, es muchos más, es una star con potencia, algo como lo que pasa con DiCaprio, al decir sí a proyectos de envergadura que sobresalen ya sea por su experimentación, su bizarrismo, su singularidad o, por qué no, su proyección mainstream, junto a firmas de categoría.

Conoceras al hombre de tus suenos

Woody Allen sigue en forma. Es más pesimista que nunca, aunque nunca dejó de serlo. Habla siempre de lo mismo, de acuerdo. Habla de la condición humana, la patética condición humana, especialmente de aquellos asentados en un cierto bienestar social y económico, aunque no siempre ha sido así. Ahí está Mia Farrow para certificar personajes más a ras de suelo, más cercanos a nosotros, pobres espectadores que queremos una vida ficticia.

¿Habla de lo mismo? Qué sí. De la ilusión y la espiritualidad que sustituye a las drogas médicas. De que las cosas si van mal, pueden ir aún peor. De sus mujeres neuróticas, y sus hombres patéticos, pobres diablos. Del vaivén de eso llamado amor (y el sexo), de lo veleta que es, de cómo nos arrastran los intereses. Del intrusismo y las angustias de la edad, algo que el cineasta plasma en cada última producción con más insistencia, pues van siendo ya 74.

Dentro de la línea de historias de buscavidas que encauzan el talento que tienen en la otra dirección, la que va al margen de la Ley, este Phillip Morris ¡te quiero! tiene mucho en común con Atrápame si puedes de Steven Spielberg.

Ambas suponen el lucimiento actoral de una estrella, allí Leonardo DiCaprio, aquí un Jim Carrey un poco necesitado de tomarse en serio debido a su baja estrella. Quizá por ello se ha metido en este berenjenal indie.

Ambas ficciones hablan de la gran mentira que montan a su alrededor sus protagonistas, mentira que incluye a todos, sus familiares, amigos y amores y hasta a ellos mismos, y tienen su base en la realidad, o al menos eso es lo que nos dicen, por increíbles que parezcan como ésta situada en Texas.

El origen, de Christopher Nolan, es un producto mainstream con inteligencia artificial, un blockbuster con estilo. El laberinto de arquitectura argumental que propone con su producción de ciencia ficción, cuya estética permanece anclada en el clasicismo, tiene la virtud de ser recordado, es decir, permanece en el espectador dando vueltas horas después de haber finalizado.

Dom Cobb/DiCaprio y su grupo son los ladrones internacionales del futuro, agentes especiales que trabajan en otra dimensión, la de los sueños. Cobb entra en la mente de los objetivos (personas) para robarles secretos, ideas; un trabajo mediante encargo. Un trabajo que implica su riesgo, y por el que se necesita engañar muy bien al subconsciente del sujeto a robar.

Mr. Nobody, tercera película de Jaco Van Dormael, es producto de varias noches de insomnio y puede que uno que otro aditamento. Una experiencia visual que pasa por cuestionar conceptos como el tiempo, la dimensión, el espacio, el big bang, la memoria, la tecnología del futuro, la felicidad, o resumiendo, qué es esto del existir.

Demasiado, ¿verdad? Con tal engranaje de accesorios, Mr. Nobody podría haber sido una película memorable, pero el exceso de cuestionamientos concentrados en un metraje de poco más de dos horas y expuestos en un desorden espacial o caos cosmológico aderezado con un ingenuo sentimentalismo convencional no hace sino lastrar una propuesta en principio interesante.

Cinco años han transcurrido desde el atentado múltiple de julio en Londres. Viene a estrenarse en los cines una mirada a ese dolor, que a los españoles nos recuerda otro, el del 11 de marzo de 2004, con énfasis en la idea de que el dolor no distingue razas ni credos. London River es una conmovedora película del realizador francés de origen argelino Rachid Bouchareb.

Destacada en la Berlinale de 2009 (Premio al mejor actor para el extraordinario Sotigui Kouyaté, fallecido el pasado mes de abril; Especial mención del Jurado para su director; y nominación del filme para el Oso de Oro), la cinta de producción británica, francesa y argelina habla del drama de la pérdida del ser querido en un atentado terrorista.

Nothing personal

Querida soledad Lejos queda aquello de que los estrenos cinematográficos en pleno verano boreal eran pasto de la indiferencia de crítica y público. Mientras llega agosto con la apabullante “Origen” …

La vida privada de pippa lee

Pippa Lee, que se ha retirado a uno de esos inanes lugares junto a su marido, un poderoso editor que ha sufrido tres infartos, hará migas casi sin buscarlo con Chris, despertando en ella el interés por ella misma. Así mediante flashbacks se van turnando en pantalla escenas del pasado y del presente de Pippa para concretar hasta que punto la esposa perfecta se había olvidado de sí misma: La huella que le dejó el comportamiento bipolar de su madre versus la distante relación que mantiene con su hija, así como una más complaciente con su hijo; sus experiencias juveniles con su tía y la novia de su tía cuando deja la casa familiar versus el descubrimiento de la infidelidad de su marido con su mejor amiga.

Adaptada de su propio libro con el mismo título, Miller confiesa que ha volcado mucho de sus vivencias personales, siempre rodeada de prestigiosos artistas. Queda claro que se le quedó grabada la imagen de las mujeres-sombra, esas que rodean a tantos intelectuales por los que en muchos casos sacrifican sus propios interrogantes.

Villa Amalia

Extranjera ¿Quién no ha deseado, alguna vez en su vida, borrarse del mapa? Desaparecer, huir del vacío social, para caer en otro vacío, al menos más personal, más elegido, al …

Kick-Ass

¡Atención! Todos aquellos que no gusten de ver películas de cómics, que arruguen la nariz con mohín cansino de los Superman, Spiderman, o irritantes Iron Man degustarán con fruición, estupefacción, y todos lo -ión que se les ocurra, la polémica de esta temporada, la estimulante, sarcástica, hilarante, vengativa, sorprendente, brillante, estimulante, anárquica y novedosa, si bien de clasicista estética (internautera) de Kick-Ass, última adaptación de superhéroes del británico Matthew Vaughn, autor entre otras de “Stardust», 2007, socio de la pandilla de los Guy Ritchie, pero más sobresaliente que éste.

Llegar con ideas preconcebidas a ver Kick-Ass es perderse en una laguna de prejuicios. Por ello quizás convenga exponerse a ella con la mente abierta, la madíbula floja y la risa preparada, porque todo el teatro montado por el realizador, fiel, pero de carácter independiente, adaptado al cómic de Mark Millar y John Romita Jr.

Yo soy el amor, del italiano Luca Guadagnino, es una película sorprendente en su magnitud poética y artística, encuadrada por una belleza explorativa que aúna el hermoso paisaje arquitectónico creado por el hombre (Italia es una bombonería de la mejor calidad) con escenarios naturales, la libertad de la expresividad de las emociones, el deslizamiento de la cámara sobre los poros de la piel, y el placer de lo culinario entendido como arte y cultura.

Ridley Scott sigue siendo una inversión segura, un artesano creativo sobre el que cualquier productor no albergará dudas, y pocas tendrá, a su vez, el espectador a la hora de pagar entrada.

El propio realizador en una entrevista, con cierta autocomplacencia, admite que es único en acabar los rodajes con menos de lo presupuestado y en menos tiempo, pero con un acabado final espectacular.

Nos hallamos, gracias a la idea de aportar algo nuevo, ante otro ángulo del mito del medievo inglés. Desde el saltarín circense de las primeras adaptaciones, al senior Robin de 1976 interpretado por Sean Connery, o el zorro-Hood de Disney, la leyenda que tantos réditos ha dado, no sólo a la ciudad de Nottingham, también al cine, la literatura y la televisión, muestra su lado más humano para presentarnos una precuela, o el origen de la (conocida) situación de Robin Longstride, un arquero del rey Ricardo Corazón de León.

Bienvenidos a Zombieland

Happy Meal Hay miles de personas cuyo debate vital no es la rampante crisis económica, ni la degradación de la especie política, ni las causas y motivos que se esconden …

En el límite del amor

En el guión escrito y posteriormente dirigido en 1995 por Mike Figgis, “Leaving Las Vegas”, el suicidio en baños de alcohol de Ben/Nicolas Cage retrotrae por asociación a otro, el gran poeta, icono hoy día de la literatura anglosajona, Dylan Thomas, muerto por coma etílico entre las paredes del mítico hotel Chelsea en 1953. En cuan innumerables ocasiones hemos visto y oído pronunciar, masticadas con vibrante pronunciación, como un baile de palabras impregnadas de música “And death shall have no dominion / Dead men naced they shall be one…”. Poeta de excesos, poeta de gran talento, Thomas, poeta de la familia de poetas ejemplares rigurosos servidores y guardianes de la lengua, que consagran su amor exclusivamente a la palabra purificada, convirtiéndola en perenne e imperecedera.

Pero el realizador británico John Maybury apenas nos retrata, apenas refleja, apenas hace un esbozo de este interesante poeta galés. Apenas nos lo deja ver desde el rincón oscuro donde permanece agazapado en su última producción, En el límite del amor, película con la que ha intentado hacer un biopic sin bio o sin pic.

Cinco minutos de gloria

En Cinco minutos de gloria hay dos tempos narrativos, comenzando por 1975 y la lenta y densa preparación del ritual por el que unos adolescentes que acaban de incorporarse a un brazo armado del IRA, van a acometer su primer bautizo de sangre, matar a un católico, trabajador de las canteras de Lurgan, acto que recae, por decisión propia, en el joven Alistair Little. El director juega con el caprichoso azar, de tal forma que la secuencia del niño (Joe, hermano pequeño de la víctima) que juega con una pelota en la puerta de la casa objetivo se intercala con las del acercamiento del grupo de chicos que van a acabar con su hermano, y con su vida familiar y estabilidad emocional futura.

Treinta años después Hirschbiegel exhibe a dos hombres carcomidos por el pasado, incapaces de olvidar, aunque cada uno de manera muy distinta. Alistair sembrado de culpa, habiendo pasado 12 años en prisión, y Joe de odio por haber visto su vida arruinada desde niño.

Back

Estrenos Peruanos