“Cine peruano hoy: entre lo digital y lo performativo”, una investigación de Ricardo Bedoya

Escrito por Gabriel Quispe

El crítico de cine Ricardo Bedoya está empezando una nueva investigación sobre cine peruano, que busca abarcar el nuevo escenario de la producción nacional desde mediados de los años 90, con su diversificación, la aparición de nuevas autorías, el aprovechamiento de las nuevas tecnologías digitales, la generación de mayores espacios de exhibición y, en general, el tránsito de la cinematografía peruana a una etapa de mayores alcances y complejidades.

Al respecto, Bedoya conversó con nosotros y dio a conocer las pautas básicas del proyecto.

El ordenador (2012), de Omar Forero

Ricardo, ¿cuál es el tema principal de tu investigación, y cuáles son los objetivos?
El título preliminar de la investigación es Cine peruano hoy: entre lo digital y lo “performativo”. La realizo para el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima. La investigación se inicia trazando un panorama en el que se percibe un incremento considerable del volumen de producción de películas peruanas; la aparición de prácticas expresivas inéditas entre nosotros; una producción regional incesante –aun con los tropiezos recientes–; una activa renovación generacional y otras formas de vinculación de los cineastas con las corrientes estéticas y con los fondos de financiación internacionales, así como la construcción de microsistemas de producción, distribución y exhibición ajustados a las necesidades de cada película. Y todo ello sustentado en una tecnología digital que prima tanto en la grabación como en la exhibición.

Sobre esa base se construyen o recrean identidades regionales, comunales y personales a través de singulares propuestas performativas. Para estudiar esa situación del cine peruano actual, la investigación se remonta hasta el inicio del fenómeno, hacia 1996, y contempla los siguientes ejes:

  1. El examen del escenario en el que aparecen esas nuevas tecnologías y de las formas que adoptan los desarrollos del cine peruano actual en sus diversas vertientes y modalidades.
  2. El estudio de la relación de fuerzas entre la producción, la estética y la presencia de los fondos internacionales de producción.
  3. Los afanes performativos o de construcción de la imagen en las películas realizadas.

No se trata de una investigación histórica, aunque parta de una recopilación de datos del pasado reciente. Tampoco se trata de un trabajo de crítica de cine. La veo más bien como un conjunto de aproximaciones a asuntos diversos que por ahora puedo formular solo con preguntas: ¿Cómo reformula el cine digital limeño las viejas pautas del costumbrismo urbano o acaso las lee a la luz del nuevo “cine del murmullo” [Mumblecore]? ¿Dónde han quedado las “masas” en las representaciones del conflicto social y político? ¿Cómo los indígenas –o las indígenas– han dejado de ser cifras anónimas para convertirse en personajes fílmicos con motivación y agencia? ¿Cómo se mezclan la espiritualidad, la religiosidad y el esperpento en el terror y el melodrama andinos? ¿Cómo se inventan tradiciones locales, se “performan” identidades y destrezas y se asimilan los géneros del cine asiático por aquí y por allá? ¿Cómo se reconstruyen las identidades personales ante el espejo documental?

¿Por qué eliges el año 1996 como punto de inicio de tu trabajo?
En 1997 publiqué el libro “Un cine reencontrado: diccionario ilustrado de las películas peruanas” que consignaba las fichas y comentarios de los largometrajes realizados en el Perú hasta 1996. Hasta entonces, era más o menos simple determinar los modos de producción, distribución, exhibición y consumo de las películas peruanas. Ellas se realizaban para su exhibición comercial en salas públicas y ése, con pocas excepciones, era su destino final. Entonces se convertían en catalogables y tenían una existencia verificable y cierta.

Hoy, eso no es así. Sólo unas pocas películas llegan a ser visibles en los circuitos establecidos y comerciales. En los últimos 15 años se han producido casi 500 películas de medio y de largometraje, argumentales y documentales; es decir, un volumen equivalente a toda la producción del cine peruano de los noventa años previos. Esto supone un cambio radical en los modos de producir, distribuir y consumir el cine peruano.

Todo se ha modificado: la producción fílmica ya no se concentra en Lima. Los formatos, tiempos de duración y modos de interpelar a los espectadores son distintas. El documental y la ficción lucen fronteras porosas. Las formas de financiación de las películas varían según su envergadura, expectativas y audiencias previstas. El campo de lo audiovisual se impone como una categoría que asimila trabajos para el cine, el vídeo arte, instalaciones, documentales, ficciones televisivas, cortometrajes, mediometrajes.

¿En qué estado se encuentra la investigación en este momento? ¿Cuánto tiempo estimas que te tome concluirla?
Está en su etapa inicial. La inicié realizando un inventario filmográfico de las películas de una duración mayor a los treinta minutos, sean argumentales, documentales y de animación, realizadas desde 1997. El resultado fue abrumador y revelador por la cantidad de títulos recogidos y me tomó mucho tiempo y trabajo hacerlo. Pero era indispensable saber en qué terreno me movía. Ahora trato de ver (o volver a ver) y anotar la mayor cantidad de películas posible. El problema es la dificultad para conseguir muchos de esos títulos. Espero terminar la investigación hacia marzo del próximo año.

¿Por qué crees que generalmente se contabilizan muy pocas películas realizadas cada año en el país?
Porque es muy difícil hacerlo. No toda la información está disponible. Antes, la producción estaba concentrada. Ahora es excéntrica.

¿En qué condiciones crees que buena parte de esta producción podría tener una presencia estable en el circuito comercial?
Con una administración racional y sensata de los mecanismos que podría otorgar una ley de cine adecuada a estos tiempos. Es decir, reconociendo a las películas el derecho de ser elegidas por su público natural. ¿Cómo? Exhibiendo, por ejemplo, películas puneñas en las multisalas de Puno y de Huancayo en las huancaínas. Y eso solo se va a lograr con una autoridad que entienda que el dominio de unas cuantos blockbusters sobre el mercado es un asunto que tiene que ver con la concentración abusiva y no con la libertad.


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