Ganadora del Oscar 2015: “Birdman” (o la inesperada virtud de la creación)

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Se están diciendo muchas cosas acerca de esta película. Se le está comparando a las anteriores de González Iñárritu. Hay también algunos críticos que se están dedicando a verle solo los errores al filme. También se están haciendo apuestas acerca de si ganará el Óscar o no. En este día de entrega del Oscar, yo quisiera hablar de “Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)” desde un punto de vista más personal, acerca de lo que realmente me tocó de este film, y no quisiera dejar pasar muchos días para escribir estas impresiones que me están persiguiendo desde la noche en que la vi.

Birdman

Birdman ha sido escrita por el director y tres guionistas más, que saben muy bien, antes de empezar a escribir esta historia, lo que significa la creación. Y cuando me refiero a la creación me refiero al significado de esta en toda su esencia: lo que significa vivir para que un proyecto artístico se lleve a cabo, olvidando la vida personal, abandonando a los seres queridos, entrando a un espiral de locura, la locura creativa, aquel que en algún momento puede llevarnos a preguntarnos si hemos perdido la cordura completamente por obsesionarnos con un proyecto artístico.

Porque de eso trata “Birdman” realmente, es una película acerca de la creación, de la locura que deriva de ella, del egoísmo que se desprende en el proceso muchas veces, del amor que hay que poner en aquello que se está creando, sin importar el dinero, solo respondiendo a una voz interior, a un llamado que nos hace querer volar como Birdman, muchas veces sin tener las alas. Es una película acerca de la fuerza de la creación, la fuerza de la actuación cuando esta intenta ser real, es un filme acerca del ego del artista, acerca de lo que se destruye a nuestro paso por tratar de crear una pieza artística, es una película acerca de la imaginación, acerca de la necesidad de la aprobación del público y la necesidad del éxito para que todo este esfuerzo haya tenido un sentido. Es un filme acerca de la contradicción de vivir entre el egoísmo y el talento para crear algo.

Birdman es también una película acerca del amor, el amor al arte, acerca del amor absoluto, que debe ser tan grande como aquel del personaje mencionado en la obra de Raymond Carver que los personajes están poniendo en escena a modo de espejo metalingüístico: “la tristeza es no poder ver la cara de tu esposa”, tal como lo dice el personaje interpretado por Riggan (Michael Keaton). Eso es el amor por alguien, pero todos en esta película han fracasado en el amor hacia las personas: vienen de divorcios, hijos abandonados, son artistas que fracasan constantemente en sus vidas reales, ya que son solo capaces de lograr el absoluto en la ficción.

Y aquí llegamos finalmente: solo podemos lograr el absoluto en la ficción. La vida real es imperfecta, por eso solo nos queda refugiarnos en la ficción. De ahí la primaria necesidad de consumir ese blockbuster de aventuras con superhéroes como “Birdman”, que puedan volar como nosotros no podemos, que puedan salvar a este mundo que se hunde en el horror. El blockbuster cumple con esta primaria necesidad humana de ser algo más grande, de vivir las aventuras que nunca podrá uno vivir en la vida real.

Pero aquí se nos propone ir más allá en el espejo, al cuestionarnos también la obra filosófica y existencial, aquella en la cual se ven nuestras miserias y fracasos, donde podemos tocar fondo con los problemas reales de la vida: aquí la catarsis se da de otra manera, ya que nos reconocemos, somos aquellos personajes que han fracasado y, finalmente, la obra nos hace ver que somos esos seres mortales destinados al fracaso de la muerte sin explicación alguna de por qué hemos sido arrojados en este mundo. Ya se lo pregunta Mike (Edward Norton), “para qué estamos aquí, para qué estamos aquí”… y mientras se lo pregunta solo intenta ser un actor real y auténtico, porque solo en esta condición es que su vida tiene un sentido, ya que Mike ha fracasado y fracasa en la vida real.

michael-keaton-flies-birdman

Un punto y aparte merece la mención a la crítica en esta película acerca de la creación. Hay un momento genial en el cual Riggan le pregunta a aquella crítica de teatro en aquel bar de Broadway: “¿qué has arriesgado tú, qué te ha pasado en la vida para decidir ser crítico?”. Pregunta que queda sin respuesta pero que no podía estar ausente en una obra acerca de la creación artística, ya que mientras estas personas crean, perdiendo y arriesgándolo todo, pudiendo equivocarse o no, hay algunas que solo destruyen desde el riesgo cero, sentados tranquilamente en un bar, incluso con prejuicios, ya que esta mujer anuncia que hablará mal de la obra teatral incluso sin haberla visto.

Al final, luego de aquel lugar extremo, luego de la catarsis absoluta de la actuación real, del disparo real en aquel escenario, demostrando que vida y arte no pueden estar separados cuando se es un artista, Birdman sale volando, así como muchos otros espectadores que se sintieron identificados con él y su catarsis, probablemente.

Y sí, la película tiene excesos, pero eso no interesa realmente, porque para aquel que aún siente las películas, Birdman cumple con la misión de emocionar desde el caos, la demencia y la belleza de la creación.



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  1. […] la actuación de Eddie Redmayne. Por mucho que me gustó la actuación de Michael Keaton en Birdman, por ejemplo, es definitivamente Redmayne quien merece la estatuilla dorada a Mejor Actor de este […]



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