Cinco años después de muerto, el chamán Alejandrino Carupia le pide en sueños a su esposa Teresa Bailarín un nuevo entierro para que su espíritu se libere y pueda viajar al Caribagi, cielo de los emberá eyabida. Al desenterrarlo en algún lugar del bosque, ella se da con la sorpresa de hallarlo momificado. 

Este hecho se convierte en detonante del documental que acompaña de manera íntima los rituales y el esfuerzo que hace Teresa para cumplir el deseo de su esposo y darle una segunda sepultura en el cementerio del pueblo de Urrao, el cementerio de los blancos como señala un miembro de la comunidad de Mani. En dicha comunidad, en la profundidad de la selva colombiana de Antioquia, se desarrollan los acontecimientos con participación de familiares y conocidos del difunto.

La película logra mostrar desde un tratamiento contemplativo, aunque no distante, este momento único con una cámara atenta a detalles, gestos y movimientos de los presentes de todas las edades que acompañan y reconfortan a la viuda con rezos, cantos y bailes mientras la ayudan con los preparativos de limpiar y amortajar el cadáver antes de trasladarlo a su nuevo nicho. 

Esta familiaridad y cercanía con el difunto se expresa en varios momentos, como aquel cuando algunos de los presentes conversan con naturalidad y emoción con el cuerpo de Alejandrino, en un diálogo que reaviva la memoria de quienes lo conocieron en vida en sus roles de esposo, padre, dirigente y figura respetada de su comunidad. 

Siguiendo el mismo estilo, la cámara nos permite participar del traslado de los restos de Alejandrino, en una caravana que desciende por la montaña bajo una lluvia que los sorprende en el trayecto. Teresa esperó durante seis meses junto al cuerpo de su esposo una comisión de indígenas y mulas para hacer el traslado en dos días de camino. Ocurren apariciones que aluden a la presencia de la muerte en medio de la vitalidad de la naturaleza, como por ejemplo el encuentro con el cadáver de un caballo negro. 

Hablada en dialecto emberá, y escrita y dirigida por el recorrido documentalista Raúl Soto Rodríguez, “El segundo entierro de Alejandrino” obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Cine de Guadalajara 2020. Es una obra que exhibe méritos en la forma límpida, cercana y respetuosa en que registra los ritos funerarios de un pueblo originario, indagando además en su cosmovisión en relación a la vida y la muerte.  

Esta crítica forma parte de nuestra cobertura especial del 2° Festival de Cine Latinoamericano en Lenguas Originarias, que se realiza del 11 al 15 de marzo del 2021.