[Entrevista] «La cantera», de Miguel Barreda: un Hamlet en el sillar | Cinencuentro | Cine Peruano

[Entrevista] «La cantera», de Miguel Barreda: un Hamlet en el sillar

El cuarto largometraje del realizador arequipeño Miguel Barreda Delgado (1967) tendrá su estreno en el 23 Festival de Cine de Lima, como parte de la sección «Hecho en el Perú».

«La cantera», inspirada en la obra clásica de William Shakespeare, «Hamlet», se sitúa en las canteras de sillar arequipeñas. Un adolescente aprendiz de cortador de sillar buscará vengar la muerte de su padre, enfocando su furia hacia su madre y su tío paterno, quienes mantienen una intensa relación amorosa. Debutan en el largometraje los actores Andrea Pani Laura, y el joven Carlos Rudas, acompañados del más experimentado actor local John Dávila.

A continuación, una conversación que sostuvimos con el director Miguel Barreda, días previos al estreno absoluto de su nueva película:

Miguel, «La cantera» se presenta como un proyecto inspirado en «Hamlet» de Shakespeare. ¿Cómo ha sido el proceso de adaptar la obra teatral a tu película y darle color local?  

En realidad no se trata de una adaptación. La película está inspirada en la obra de Shakespeare, por lo cual se han buscado algunas analogías y equivalencias, pero con un amplio margen para la exploración en el contexto en que ha sido ubicada. El conflicto del protagonista del drama isabelino ha sido evidentemente el punto de partida para diseñar a nuestro personaje principal, afligido por la injusticia y por la impotencia ante hechos que no puede cambiar. 

¿Qué buscabas con la elección de las canteras de Arequipa como locación principal de tu película?

Desde la primera vez que las visité hace un par de décadas, las canteras me han parecido un escenario natural fascinante, donde pueden tener lugar acciones y situaciones ficticias de una fuerte carga dramática. Por otra parte, me pareció importante retratar las arduas condiciones en las que laboran los cortadores de sillar, trabajadores artesanales que mantienen formas de extraer la piedra desde hace siglos. Obviamente, el componente estético de este entorno intervenido por el ser humano es un gran atractivo y fuente de inspiración: las formas impredecibles, los contrastes extremos y la combinación de texturas conforman una serie de elementos muy estimulantes para ser captados por la cámara.

¿Sueles volcar varias preocupaciones y temas en una misma película? Te lo pregunto porque esto se puede percibir en el desarrollo de la trama de este film.

En este caso, el tema central es la necesidad imperiosa de justicia y la opción desesperada de optar por la justicia ejercida por mano propia. Considero que las películas son en cierto modo un reflejo del entorno social en el que se generan, por lo tanto se manifiestan en ellas las preocupaciones que me produce este entorno social: preocupación por la impunidad y por la corrupción como forma de vida aceptada.

¿Cómo fue el proceso de casting? ¿Cómo fue que elegiste a los tres actores principales, el hijo, la madre y el tío?

Desde que estuve escribiendo las primeras versiones del guion sabía que el papel del antagonista (Carlos, el tío) sería para John Dávila. Ya había trabajado con él en «Ana de los Ángeles» y «Encadenados», por lo que conozco muy bien su manera de comportarse ante la cámara, así que escribí el papel para él. En cuanto al papel de Gabriela, no tenía en mente a una actriz en particular, aunque sí pensaba en algunas mientras escribía. Fue durante la etapa final del desarrollo del guion que conocí a Andrea Pani Laura, quien me pareció que reunía las condiciones para encarnar a esa mujer. Ella leyó el guion y aceptó la propuesta. Para el papel de Juan, el joven protagonista, sí hicimos un casting, dado que tenía que ser alguien que aparentara el margen de edad del personaje. Convocamos a jóvenes actores, en su mayoría estudiantes de actuación o aficionados, entre los cuales elegimos a Carlos Rudas.

Cuéntanos del tratamiento de la banda sonora. Aunque se trata de una historia con personajes heridos y desgarrados, esta tiene pocos diálogos, sonido directo y ausencia de música. 

La película que dirigí anteriormente, «Encadenados», contiene una serie de monólogos, lo cual hace que la palabra prevalezca de forma paralela al relato visual. Ese fue uno de los motivos por los que consideré que el siguiente trabajo debía sostenerse con la menor cantidad posible de diálogos. Los cortadores de sillar son, de por sí, personas de parco hablar. Trabajan solos, cada uno en su zona, en silencio o acompañados por el sonido de una radio, y dejan que sean otros los que hablen. Eso me pareció un elemento interesante que me llevó a definir la característica dominante de la película. Las escasas palabras corresponden al carácter introvertido del protagonista, y el laconismo permite concentrarse en los hechos, en los detalles, en los pequeños gestos y en el paisaje para ir buscando la mejor manera de interpretar la película. Durante el montaje probamos con acompañar algunas secuencias con música, pero nos dimos cuenta que sería muy disforzado y que eso impondría a los espectadores una manera de sentir la película. Por eso decidimos -con Fernando Bedoya, el director de sonido- acentuar los detalles del paisaje sonoro directo para generar tensión y emoción.

¿Tuviste algunos referentes de películas o cineastas en particular durante la realización de la película?

Durante la rodaje evito siempre ver películas u otros productos audiovisuales que me puedan distraer o confundir; pero durante la fase de desarrollo y preproducción reviso en solitario y con uno de los colaboradores más cercanos, como  el director de fotografía (Leandro Pinto Le Roux), cinematografía muy diversa, buscando ejemplos y formas de filmar que nos inspiren u orienten. No solemos llamarlas «referencias» porque nos quitaría la emoción de descubrir al momento de filmar, pero sí «fuentes de consulta». En este caso, el recorrido abarcó de westerns como «Érase una vez en el Oeste» a películas de países de Europa Oriental como «Ida», «In Bloom» o «Corn Island», pasando por algunas películas de Bergman, Antonioni, Zhang Yimou, o el que fuera mi profesor en la escuela de cine, Béla Tarr. Un referente teórico importante ha sido el «Elogio de la sombra», de Tanizaki.

Has realizado una road movie («Y si te vi, no me acuerdo»), una reconstrucción de época («Ana de los Angeles») y una película coral («Encadenados») ¿De qué forma se vincula «La cantera» con tus anteriores realizaciones?

Yo creo que lo que me entusiasma al momento de encarar un nuevo proyecto cinematográfico es que no se parezca al anterior. Si bien hay elementos estéticos que me gusta mucho aplicar y que quiero seguir poniendo en práctica y mejorando, como la forma de puesta en escena, o el uso de planos únicos y planos secuencia, considero que el acercamiento a nuevos temas y diferentes maneras de mostrar un conflicto es lo que me estimula. Por eso me gusta mostrar cosas que no haya visto anteriormente. Suena como una trivialidad, pero no me gusta hacer planos que ya haya visto en otras películas. Lo que sí es una constante, es que mis películas son autobiográficas, sin excepción, porque lo que les afecta a sus personajes, son cosas que me han afectado a mí.

¿Qué proyectos tienes a futuro en el cine?

Tengo proyectos de ficción y no ficción, que formalmente tratarán de no parecerse a los anteriores.

Entrevista: Rodrigo Portales y Laslo Rojas

La cantera (2019)

Ficha técnica
DCP – COLOR – 2019 – 92 min
Dirección y guion: Miguel Barreda Delgado
Fotografía: Leandro Pinto Le Roux
Edición: Maribel de Grau
Sonido: Fernando Bedoya La Rosa, David Zúñiga
Dirección artística: Doris Encalada
Producción: Vía Expresa Cine y Video
Intérpretes: Andrea Pani Laura, John R. Dávila, Carlos Rudas Apaza

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1 comentario

  1. […] ver a la película arequipeña “La cantera” de Miguel Barreda, que ha tenido una mención honrosa en el Festival de Cine de Lima, […]

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