Cuando me pidieron que escribiera un artículo sobre el cine peruano, acerca de sus perspectivas y posibilidades, me di cuenta que a pesar de ser un asunto sobre el que raramente dejo de pensar, es también un problema que nunca consigo tener claro, sino por el contrario: cada día preveer su desarrollo, atinar una respuesta sólida acerca de su futuro me parece más y más dificil.

La cita es una buena introducción al cine peruano de nuestros días, de hecho grafica con claridad el momento actual, pero resulta paradójico saber que se trata de un texto escrito por Francisco Lombardi en 1979. ¡Hace casi 30 años! El artículo apareció inicialmente en la revista Cielo Abierto y fue rescatada luego por Balmes Lozano en su libro El cine peruano, visto por críticos y realizadores.

La cita viene a cuento porque el año pasado publicamos un artículo donde preveíamos que el 2007 sería un año cargado de novedades, y en verdad lo fue pero sucedió lejos de la mirada del público que asiste a los cines comerciales. Sólo tres filmes peruanos salieron a competir en la dura cartelera comercial, todos con bajos resultados de taquilla y poca aceptación de la crítica, quizás una muestra clara de este abismo fue que los lectores de este blog decidieron que no había mejor pelicula peruana del 2007, así de dramático. Sin embargo, en circuitos alternativos y del interior del país se vieron hasta diez largometrajes (y es probable que alguno se nos escape por ahí). Es cierto que muchas de ellos son películas deficientes y trabajados con escasez de recursos, pero creemos que merecen mayor difusión, por lo menos la misma que merecen tantos bodrios extranjeros que visitan nuestra cartelera semana a semana.

Aquí va la lista de las trece películas.

Largometrajes estrenados en circuito comercial abierto

1. La gran sangre, de Jorge Carmona. Lista a devorarse la taquilla, salió la mancha de Dragón y compañía en julio, en plenas Fiestas Patrias y con varios tanques norteamericanos rondando la taquilla. Al final los devorados fueron Carmona, Miyashiro y el productor Jaime Carbajal, no sólo firmaron el bodrio peruano del año sino que no soportaron el golpe y disolvieron su sociedad.

2. Una sombra al frente, de Augusto Tamayo. Luego de ser rodada el 2004, Tamayo estrenó en septiembre el recorrido del ingeniero Enrique Aet y su obsesión por crear puentes de comunicación en los albores del siglo veinte. Todos coincidieron que el filme adolecía de pecho frío, un bajón respecto a lo que fue El bien esquivo.

3. Muero por Muriel, de Augusto Cabada. Con perfil bajísimo, se mostró en función limitada durante el Festival de Lima y sin que casi nadie la esperara salió a los cines en noviembre con resultados sorprendentes. Gustó más de lo que se esperaba, teniendo en cuenta que el mismo Cabada confesó que el rodaje había sido una pesadilla. Con todo y sin ser sobresaliente fue lo mejor de un año famélico.

Largometrajes peruanos estrenados en circuitos alternativos

4. Condominio, de Jorge Carmona. Cinta que se estrenó en Sidney con buena acogida y que al igual que la de Cabada, se mostró ante público reducido en las salas del CCPUC en Lima. ¿Resultado? Nadie más gráfico que el mejicano Ayala, quien dijo que por un lado era un esperpento, pero al mismo tiempo provocadora. Seguimos esperándola en los cines.

5. El rincón de los inocentes, de Palito Ortega. Aunque ya había sido proyectada en Ayacucho, esta vez se mostró una nueva versión en el Festival de Lima, pero nadie le dio bola. Y eso que esta vez Ortega reclutó a Galliani, Ciccia y Schuler para la cinta. En el largo el director ayacuchano lanzó su visión sobre la labor de la CVR y los saldos de la guerra interna, temas de urticante actualidad. ¿Alguna vez la veremos en pantalla comercial?

6. Qué vida fue la mia, de Walter Canchanya. Desde los conos de Lima llegó esta cinta sobre las peripecias de un joven migrante envuelto en mil problemas. Drama social que se resuelve precariamente, pero que por lo menos anuncia el ingreso a la cancha de un nuevo jugador. Se vio en enero en El Cinematógrafo y en marzo en el CAFAE.

7. Agustirock, de Walter Canchanya. Un documental que más bien se revela como un reportaje sobre el festival de música que se lleva a cabo desde hace 17 años en El Agustino. Mezcla retazos del concierto Agustirock 2006 con testimonios de músicos y gestores del festival que conoció mejores años.

8. Tambogrande, de Ernesto Cabellos y Stephanie Boyd. El último documental salido de la factoría de Guarango Films, se ocupa de las luchas del pueblo de Tambogrande por mantenerse al margen de la minería y apostar por el desarrollo agrícola. Construye el perfil de Godofredo García Baca, lider de los tambograndinos, muerto en medio de las luchas. Excelente y sentido documental. Se vio durante el Festival de Lima.

9. El país de los saxos, de Sonia Goldenberg. En la senda del documental, esta película que va del Mantaro a Nueva York, se estrenó primero en Huancayo y luego en el Festival de Lima. Apreciable esfuerzo por acercarse a las historias vivas del interior de nuestro país, ojalá se vea por televisión abierta.

10. Identidad, de Dalmer Quintana. Como en otros casos nos vimos sorprendidos por este estreno en la ciudad de Huancayo. El joven director ya sumaba su tercer largo y no sabíamos nada de él, aún ahora no podemos sino sacar conclusiones a partir de la entrevista de David Hidalgo para El Comercio en junio de 2007.

11. 300 millas en busca de mamá, de Leonidas Zegarra. El inefable director de Mi crimen al desnudo y Vedettes al desnudo, decidió mudar su centro de operaciones al altiplano y en Puno estrenó un drama que por el nombre suponemos tributario de los melodramas hindúes. La fanaticada del ahora converso Leonidas Zegarra espera por el estreno en la capital.

12. El encuentro de dos mundos, de Héctor Marreros. El de Cajamarca se mantiene en envidiable forma y lanza largo tras largo, pero parece que no mide bien el resultado de sus intentos. Esta que vendría a ser la primera comedia neo-andina no cuajó entre el público que la vio en el FENACI y en la muestra regional de la APRECI, en noviembre y diciembre pasados, respectivamente. Antes había sido estrenada en Cajamarca.

13. La casa embrujada, de Joseph Lora. Mientras asistíamos al Fenaco nos enteramos de este nuevo estreno procedente de Juliaca. En la línea de otros filmes de terror y misterio, Joseph Lora se decidió a colocar el primer pie en el terreno del largo. Le faltó redondear el argumento y trabajar mejor las actuaciones, pero otra vez el intento es lo que vale. Se vio en el sur del Perú y luego en Lima en el marco de las proyecciones organizadas por la APRECI.

Como se ve, las cintas y los estrenos no fueron tan pocos, pero había que buscarlos con detenimiento. Y mientras, nos dan un nuevo grupo de nombres a tener en cuenta, y nos reafirman la intención de otros en seguir por la senda de la realización audiovisual, también nos brindan un panorama donde el cine peruano siempre crea expectativa, aunque uno no sepa a ciencia cierta los caminos que toma, como decía Lombardi en la cita inicial, 30 años atrás.